444 | nº 39, pp. 443-455 |julio-diciembre de 2024De primera a segunda navegación: metáfora y decir de José Ortega y Gasset, lósofo periodistaISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978doxa.comunicaciónHay motivos para pensar que el periodismo literario prevalece sobre el rigor losóco en Ortega y Gasset, y otros para insistir en que, ante todo, fue lósofo. No escribió un libro donde expusiera una elaboración losóca sistemática, lo que no quita que muchos grandes lósofos emplearon su destreza literaria al servicio de la losofía. La pretensión de estilo no contrapone lo literario a lo losóco. Pensamiento y literatura no son excluyentes y, del mismo modo que hay poetas losócos, hay lósofos poéticos. Desde Platón lo literario se entreveró con el razonamiento para hacer losofía y la losofía con lo literario para hacer poesía. Grandes escritores fueron Montaigne, Pascal, Leibniz, Hume, Nietzsche, Bergson, Sartre y no se les discute su capacidad losóca. Ortega no sería una excepción que obligue a optar entre lo literario y lo losóco si no fuera porque su tarea engarza la maestría literaria al ejercicio del periodismo. El profesor Blanco ha publicado un libro sobre el ocio periodístico de Ortega y Gasset, Nací sobre una rotativa. Las empresas culturales de José Ortega y Gasset (2023), donde se plantea si su profesión de corresponsal y editorialista merma su inclinación losóca. Su respuesta cabe sintetizarse de este modo: si el estilo puede armonizar lo literario y lo intelectual, también el estilo puede aunar lo periodístico a la consistencia del pensamiento. La posible contraposición entre periodismo y losofía procede de ser actividades que se ejercen en instituciones sociales distintas, la rotativa y la academia, tareas que atienden a funciones profesionales diferentes sin dejar por ello que puedan ser ligadas por la misma pretensión de en-tender la historia del mundo en que se vive, aunque sus nes sociales sean distintos, comentar la actualidad concreta o exponer lo permanente del acontecer. Academia y rotativa, son enfoques que parten de polos de signo contrario invitados a encontrarse.En el ocio periodístico se distingue entre estilo informativo, rígido e impersonal, y el estilo del comentario, donde la vocación de estilo personaliza al comentarista frente a la impersonalidad estilística del informador. Este fue el tipo de periodismo que cultivó Ortega y Gasset, el mismo género que cultivaron periodistas célebres como Larra, Ramiro de Maeztu o Fernández Flórez. Como la noticia y el comentario periodísticos han de aparecer junto a otras noticias o comentarios, cada texto necesita separarse en el mosaico impreso o en la secuencia visual por algún procedimiento que lo aísle y distinga del conjunto. La televisión y la radio recurren a procedimientos análogos a los de la paginación del periódico, aunque adaptados a una continuidad predominante-mente lineal. El título de la información, la crónica o el comentario informativos, identica su contenido por contigüidad en el conjunto. Respecto de lo designado, la información, la crónica y el comentario tienen como referente un acontecer concreto que por este procedimiento queda diferenciado de otras referencias al ujo temporal del que se informa o se comenta. Aislando un acontecimiento de la continuidad, o sea concretándolo como un hecho acaecido en el espacio y en el tiempo, el título funciona de modo similar que un nombre propio. En lugar de designar un objeto, designa una unidad acontecida, con la diferencia de que gramaticalmente no se vale de un nombre propio para designarla, sino de términos genéricos que se concretan por sus valores de tiempo y lugar. De este modo se particulariza periodísticamente un “hecho” como componente de un devenir indeterminado de actividades para modernizar la sociedad española. En la segunda, cuando la prensa y las iniciativas culturales dejan de ser un cauce e-caz para inuir en un proyecto de vida colectiva que ha naufragado, se entrega plenamente a su tarea losóca. Palabras clave: Periodismo; losofía; Ortega y Gasset; razón histórica; metáfora.enhance a program of activities to modernize Spanish society. In the second, when the press and cultural initiatives cease to be an eective channel to inuence a collective life project that has foundered, he fully commits to his philosophical task.Keywords:Journalism; philosophy; Ortega y Gasset; historical reason; metaphor. doxa.comunicación | nº 39, pp. 443-455 julio-diciembre de 2024Luis Núñez LadevézeISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978| 445 que no produce por sí mismo determinaciones. Los títulos concretan, como suma de hechos diferentes, las determinaciones que necesita la convivencia para separar unos de otros, por ejemplo, un asesinato, una guerra, un robo, unas elecciones, una sentencia. Esto no signica una oposición entre lo concreto y lo abstracto, es una dialéctica en el sentido aristotélico de la expresión. Es obvio que no puede haber un nombre propio para designar inequívocamente cada cosa en el espacio o en el tiempo. Ninguna memoria, como no sea de un ordenador, da para recordar el nombre propio de cada huella que deja cada uno en su camino al andar. Menos aún, para designar cada fragmento aislado del acontecer, si es que esa expresión “acontecer fragmentado” guarda algún sentido. No es posible, sencillamente. Por esta razón tampoco es posible un lenguaje “inequívoco”, lo que los lógicos y algunos lósofos descarriados reclaman a veces como lenguaje perfecto. Algunos lo intentaron inútilmente, como Raimundo Lulio, Leibniz y Frege. Otros no entendieron bien lo que querían corregir del lenguaje para que fuera geométricamente adecuado y racionalmente deductivo, como Spinoza, Hobbes y el primer Wittgenstein. La mayoría de los lósofos no cayeron en este vano trampantojo. Desde luego no cayeron Descartes ni Bacon, cuyas losofías arriesgaban mantenerlos junto al precipicio sin caer. Atisbaron los límites del lenguaje y censuraron las falacias y adherencias que contraía arrastradas por la temporalidad del deve-nir. Para lo que aquí consideramos, lo que importa es que el periodista está más cerca de la vida concreta, la actual, que el lósofo que está más cerca de la abstracción del lenguaje, su petricación en el acontecer. Para Ortega, que sentía predilección por Marta, la vida para mantener ordenada su casa tuvo prelación sobre María, absorbida por la contemplación. La explicación de estas distinciones, título, texto, noticia, actualidad, términos de la labor periodística, es más compleja que su práctica. Blanco las maneja con precisión en su libro para explicar los sinsabores que debió superar el joven Ortega para vivir en Alemania gracias a su trabajo periodístico. Los cronistas las manejan rutinariamente en su modo habitual de redactar. General-mente escriben el cuerpo de la noticia y luego hacen el título que la distingue de las demás. Blanco relata cómo Ortega se explica ante su padre para hacer valer que sus crónicas atienden a criterios profesionales. Ahora los redactores no necesitan hacerlo tan-to como antaño, ya que la Inteligencia Articial puede reemplazarlo en las funciones de resumir, corregir y titular. Lo importante es que el periodista está acostumbrado a ver el acontecer desde su concreción actualizada. Su ocio requiere distinguir en el uido temporal de hechos concurrentes, los que ha de designar o comentar usando términos que él no controla, pues son gene-ralizaciones intemporales aportadas por la lengua que usa. El lenguaje losóco aborda la realidad concreta al revés, como si la contemplara desde la altura de la generalización de las palabras. Mientras observa desde una atalaya un panorama que discurre bajo los pies, el periodista recoge las cosas del suelo de asuntos –el pragma de la vida– donde acaece la realidad concreta, luego mira a la altura donde otan las palabras que necesita para nombrar lo concreto que acaece a su alrededor. Blanco muestra que no hay exclusión entre pensamiento losóco y relato periodístico, sino una continuidad con dos extremos unidos por la literatura. En uno predomina la abstracción del tiempo y del espacio para cumplir con su pretensión de permanecer fuera del tiempo y del espacio. En el otro extremo ocurre lo contrario. El periodista utiliza el lenguaje intemporal para acotar lo ocurrido en el espacio y el tiempo. Como la abstracción es intemporal, la gloria del lósofo aspira a la duración. En cambio, la fama del periodista, centrado en la actualidad, es efímera, a menos que se revista del esplendor literario que hace de puente para conectar la gloria duradera con la fama transitoria. 446 | nº 39, pp. 443-455 |julio-diciembre de 2024De primera a segunda navegación: metáfora y decir de José Ortega y Gasset, lósofo periodistaISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978doxa.comunicaciónAunque Ortega alegara motivaciones circunstanciales cuando opta por el periodismo para llegar a lectores en español muy dis-tanciados del academicismo universitario, la pregunta que Blanco deja abierta no deja de ser obligada para el estudioso del lósofo: ¿se trata de la obra de un intelectual que escribe ensayos de divulgación losóca en la prensa y cuyo interés actual y futuro procede de su maestría literaria, se trata de la obra de un pensador destinada a perdurar por su consistencia doctrinal y su rigor sistemático, o se trata de ambas cosas? La respuesta que ofrece Blanco en su libro se acoge a la distinción que el lósofo establece para separar una primera de una segunda navegación en susemblanza biográca (2023, p. 193). Aceptado que se trata de dos fases vitales, la primera navegación se caracteriza por la dedicación a proyectos de renovación colectiva que se fundan en un pensamiento losóco: iniciativas culturales, exposición periodística y actividades políticas. Con la crisis de la Segunda República, a cuya instauración cooperó activamente, Ortega sufrió una profunda desilusión. Su compromiso con la regeneración de la vida pública había fracasado. Las expectativas que le impulsaron a esa actividad no habían sido correspondidas por los dirigentes políticos ni por las masas que los secundaron. La segunda navegación la iniciaría “la recticación” (IV, 837)1, a la que siguió el alejamiento de la política, el ostracismo, y una dedicación más introspectiva a la tarea losóca. Si el libro del profesor Blanco narra la trayectoria de un emprendedor cultural durante la primera navegación en cuya crónica rezuma el trasfondo de su losofía, el reciente libro de Esmeralda Balaguer Los límites del decir. Razón histórica y lenguaje en el último Ortega(2023) es una exposición de la urdimbre tejida durante la segunda navegación para exponer el sentido unitario de su labor losóca. Estos dos excelentes trabajos resultan complementarios. De su lectura no se desprende la contraposición entre un escritor periodista y un escritor lósofo. Su conjunción explica cómo en el escritor se citan ambas incitaciones separadas por un cambio de rumbo obligado por una nueva circunstancia contrapuesta a la anterior. Convergen ambas al ofrecer una visión unitariamente coherente de la personalidad y la obra de un escritor que, en su primera navegación, recurre al ocio periodístico para poder ejercer plenamente su proyecto de modernización, en la segunda, cuando la prensa y las iniciativas culturales dejan de ser un cauce ecaz para inuir en un proyecto de vida colectiva que ha naufragado, se entrega de lleno a su vocación losóca. Sería injusto reducir el libro de Balaguer a un complemento del estudio de la primera navegación del libro de Ignacio Blanco. Los límites del decir es una obra ambiciosa que mira a enhebrar, desde la ruta de la segunda navegación, las claves sustantivas comu-nes a la losofía orteguiana que traba ambas fases en la no conclusa “teoría del decir” a la que el lósofo se reere en sus últimas y principales obras. El trabajo se inscribe a mi modo de ver en el planteamiento de las más actuales revisiones de conjunto de la obra orteguiana, que han centrado el meollo en su losofía de la técnica (Núñez Ladevéze, Álvarez y Núñez Canal 2022). La envergadura del estudio de Balaguer excede limitarlo a un agregado de la primera navegación. Dejamos constancia de ese valor sustantivo a efectos de exponer algunos matices discrepantes, reparos que pueden deberse a un no haber leído bien lo dicho o lo no dicho, que tal vez puedan colaborar a fortalecer la coherencia global de las interdependencias lineales del espléndido trabajo de Esmeralda Balaguer. La distinción entre primera y segunda navegación procede del propio Ortega. Es un remedo de la que Platón suscribe entre el pensamiento griego anterior al suyo, al que calica de “primera”, y la que inicia parafraseando a Sócrates en diálogos cticios, para encontrar la causa real de las cosas que subyacen a los asuntos de la vida. Platón calica de “segunda” a esta búsqueda socrá-1Recticación de la República. Conferencia pronunciada el 6 de diciembre de 1931 en el Cinema de la Ópera de Madrid. doxa.comunicación | nº 39, pp. 443-455 julio-diciembre de 2024Luis Núñez LadevézeISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978| 447 tica: “¿quieres, Cebes, dijo, que haga una exposición sobre cómo he llevado esta segunda navegación en búsqueda de la causa?” (Fedon 99 c-d)2. Según el diálogo el poeta debía componer mitos y no razonamientos: ποιεῖν μύθουςἀλλ´ οὐ λόγους (60e-61b). Sócrates enseña que hay que pasar de la causa cticia de los poetas a la causa real de las cosas, el pragmatismo de la vida. El tránsito de sustituir el mito como procedimiento explicativo por el razonamiento es lo que da paso de la primera a la segunda navegación platónicas. Es probable que τὸν δεύτερον πλοῦν pase a ser preferentemente traducido como “segunda navegación” por haber vertido Ortega, quizás traduciendo él mismo, πλοῦν a “navegación” (V, 99) para llevar al terreno personal esta referencia platónica. Hemos cote-jado algunas traducciones. La española más antigua del Fedón remonta a la versión de obras completas de Patricio de Azcárate. El historiador y helenista leonés no traduce πλοῦν como “navegación”, sino como “tentativa”. Es accesible directamente en internet y fue publicada en EDAF en Diálogos. La República o el estado3. El historiador y lósofo Luis Gil lo traduce así: “¿quieres que te exponga Cebes, la segunda navegación que en busca de la causa he realizado?”4. Hay reimpresiones en editorial Guadarrama, 1974, y Planeta, 1982. Otras variantes son “rumbo” (Eggers Lan, Eudeba), “tentativa” (biblioteca virtual Cervantes), “singladura” (García Guall, Gredos) y “navegación” (García Bacca, –discípulo de Ortega–). Ignacio Blanco titula el capítulo 6 de su libro: “La segunda navegación. 1932-1955” (pp. 231 y ss.). Dos ¿“tentativas”, “rumbos”, “travesías”, “singladuras”?, se jan como “navegación” en la traducción del Fedón en la cita de Ortega tal vez traducida por él mismo. La alusión reeja una pormenorizada lectura personal del diálogo. La losofía, dice Ortega, ha comenzado desde Kant su “segundo aprendizaje” o “segunda navegación” (VI, 62). En Historia como sistema,Ortega también remite a Kant al decir que el intelecto tiene que “liberarse de su más íntima esclavitud, esto es, de sí mismo” (VI, 62). Veamos la relación de la metáfora de la esclavitud con el trasunto personal del lósofo: el artículo de prensa está ligado a la exhibición en la plazuela que vincula la circunstancia personal a la actualidad. La losofía desdeña la fama efímera que proporciona la plazuela, aspira a la permanencia. El periodismo nace del compromiso con lo diario en la circunstancia personal. La losofía pretende per-vivir en el futuro. Al situar Balaguer su libro en la “segunda navegación” atiende a la vocación de permanencia del pensamiento orteguiano. El texto losóco está ligado al devenir histórico, a la circunstancia social que el presente recoge del pasado. “Este es el modo de comprender la dimensión personal y también social del individuo”, resuelve Balaguer como resultante derivada de estos dos polos de atracción que mantienen la tensión entre la fugacidad de la situación personal y la aspiración de perdurar en el tiempo (p. 111). Durante el periodo de la primera navegación, Ortega pudo ser periodista divulgador de una losofía o bien lósofo que se valió de la rotativa sobre la que nació para divulgar su obra. El libro de Blanco atiende a esa vacilación de Ortega para seguir esta bifur-2Platón. Obras Completas U. Central de Venezuela, 1980, I, Fedón, p. 348. Traducción García Bacca.3 Platón. Diálogos, Madrid: EDAF, 1969.4Platón. Obras completas, 2ª ed., Madrid: Aguilar 1969, p. 640. Traducción usada por E. Balaguer, en el capítulo I, p. 25. Algunas apreciaciones de ese capítulo son matizables: a) “La losofía, que es principalmente logos, esto es, lenguaje y razón, requiere del diálogo para vertebrarse”. El diálogo vertebra la vida cotidiana y la poética. Si deja de ser usado en losofía recientemente es por presión del logocentrismo losóco; b) “al contrario que Descartes, esta losofía [la de Ortega], no estaba impregnada de reexiones matemáticas, sino cargada de un lenguaje metafórico”. Descartes usa el diálogo y un lenguaje tan diáfano y cotidiano, a veces tan metafórico como el de Orteg; c) la imagen del “arquero” no “predomina hasta los años 30”, la usa toda su vida, la última vez en el coloquio de Ginebra de 1951. Obsérvese que es una mímesis metafórica, viva y gesticular. Puntualizamos ahora para tener en cuenta luego otros matices discrepantes. 448 | nº 39, pp. 443-455 |julio-diciembre de 2024De primera a segunda navegación: metáfora y decir de José Ortega y Gasset, lósofo periodistaISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978doxa.comunicacióncación del sendero que lleva la misma meta. Al periodista se le debe preguntar si titulaba adecuadamente sus obras. El lósofo puede responder que depende de cómo se mire. Una cosa es el título periodístico y otra el losóco. En el género del comentario o de la crónica, practicado por Ortega, que eludió ser “gacetillero”, el título es una apelación que llame la atención sobre el con-tenido del texto. Su obra más conocida La rebelión de las masas coincide con el periodo de tránsito de la primera a la segunda navegación. Aparece en folletones, procedimiento de divulgación usado por novelistas y escritores para anticipar en el periódico las entregas que luego se reunirían en un libro complementado durante la segunda navegación. Es un título apelativo y dramático que sugiere el contenido del texto. Funde con maestría la abstracción losóca y la apelación periodística. Se mire por donde se mire es un título brillante.Durante la segunda navegación Ortega abandona el periodismo. A veces, ni losóca ni periodísticamente acierta en sus títulos. El de En torno a Galileo no corresponde al texto, pueslas referencias a Galileo son observaciones tangenciales. De hecho, la tra-ducción inglesa optó por titularla Man and crisis, más expresivo. Tal vez El hombre y la gente sea “el mamotreto” más obvio del interés del lósofo por jar su pensamiento en una obra sistemática duradera. Es un título intenso y expresivo cuyo emboscado conicto abarca el contenido de la obra. Otros textos, incluso más extensos, son, sin embargo, incompletos y sus títulos podrían interpretarse como proyectos frustrados de la vocación de permanencia. La idea de principio en Leibniz puede ser la obra que responda mejor entre las suyas a una técnica losóca. Es un título fallido que no se corresponde, más que incidentalmente, con el contenido. Sobre una nueva interpretación de la historia universal. Exposición y examen de la obra de Arnold Toynbee ni es una exposición ni un examen del historiado inglés. El desafortunado título sirve de afortunado pretexto para exponer su propia interpretación del sentido de la expresión “historia universal”. Afortunadamente, porque por fortuna el texto va mucho más allá de los límites de un título inapropiado. Su anunciado interés por hacer un “mamotreto” (V, 657) que fundamente el raciovitalismo Aurora de la razón histórica, no es posible enjuiciarlo, puesno vio la luz5.Estos y otros ensayos de Ortega expresan en el título el nombre propio de un lósofo, escritor o artista. Al igual que ocurre con muchos de sus prólogos, los textos que corresponden a estos títulos revelan una técnica concreta de elaboración interpelante que consiste en confrontar la obra de un autor para apuntalar su pensamiento frente a ella. Según Esmeralda Balaguer es un pretexto metodológico que ja un alter ego de Ortega en la obra del autor nombrado, generalmente un clásico, o lo usa como “contra alter ego” (194 y ss.) para contrastar el pensamiento del citado con el suyo. Con estos “otros yo”, Ortega puede compartir circunstancias semejantes y orientaciones losócas que dormitan en el poso de la losofía occidental común. Me reero a Cicerón, Juan Luis Vives, Goethe, Leibniz, Velázquez y Goya […] que sirvieron a Ortega para decir incluso lo indecible [...] Todos ellos clásicos que, como Ortega sostenía, lo son en tanto presentan batalla para pensar con y a partir de ellos (179).5 “Hacia 1936 andaba por el local de la “Revista de Occidente” una copia a máquina de unaAurora de la razón histórica,que entonces se componía de cuatro grandes estudios relacionados entre sí, y un modelo de portada en letras de dos colores para el volumen, tan próximo, pues, a la publicación.” Gaos, J.Obras Completas, IX.“Sobre Ortega y Gasset y otros trabajos de historia de las ideas en España y la América Española. UNAM, 1992. p. 118. Ortega hace numerosas referencias a esta obra. La primera, en el prólogo de Ideas y creencias asegura que “desde hace años anda rodando por el mundo, parturiento de dos gruesos libros que condensan mi labor durante los dos últimos lustros anteriores. Uno se titula Aurora de la razón histórica, y es un gran mamotreto losóco; el otro se titula El hombre y la gente, y es un gran mamotreto sociológico”. (V, 657). doxa.comunicación | nº 39, pp. 443-455 julio-diciembre de 2024Luis Núñez LadevézeISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978| 449 La invitación de Balaguer a entender este modo de acercarse al otro como si fuera un yo o un contra-yo para compartir con ellos “lo indecible” del decir es muy interesante porque abre un nuevo espacio a una hermenéutica orteguiana. Menos claro es que sirva para ilustrar adonde quiere ir a parar Ortega si se entiende, como sugiere la autora, que es una “aplicación práctica de la nueva lología” que el lósofo postula sin que aclare en qué consiste una novedad que queda pospuesta a la inclusa Aurora de la razón histórica. Personalmente tengo dudas de que a este método corresponda una “nueva lología”. Entiendo que el mérito de Balaguer al enla-zar el comentario a lo biográco se advierte mejor si se enfoca como un método hermenéutico en que lo lológico tiene su parte al escudriñar lo que un clásico quiso decir remontándose a las raíces etimológicas de lo que dice. Esto equivale a explorar las motivaciones etimológicas que impulsan a que un autor preera un vocablo entre otros posibles. Pero no es el momento de aven-turar una explicación de esta conjetura provisional, sino el de ponderar que este enfoque de Balaguer es extensivo a gran parte de la obra orteguiana. En los muchos prólogos y en otros ensayos en que cita el nombre de otro lósofo, no se dedica a prologar. En los comentarios del texto que prologa, o los que podían haber sido solo glosas del autor citado, ni son solo comentarios de texto ni solo glosas de los autores que cita. Sirven efectivamente, como Balaguer incita a interpretar, de alter egos o contra alter-egos que utiliza Ortega para exponer, por emulación o por contraposición, su propio raciocinio. El pensamiento del otro es usado para enmarcar una perspectiva que le permita ir proyectando la suya. Esta particularidad se maniesta en varios títulos. Ensayo de estética a manera de prólogo comenta El mensajero de José Moreno Villa (I, 664 y ss.) Paulino Garagorri lo reunió en la colección El Arquero a otros textos para gurar junto con La deshumanización del arte6. Solo hay una cita al nal del poeta malagueño. Es un pretexto para exponer una teoría estética. Este procedimiento puede generalizarse a todos los “prólogos”. Llamativamente al Prólogo a Veinte años de caza mayor del conde de Yebes, a los títulos en que hacen referencia a Goethe, al Prólogo a Historia de la losofía de Émile Bréhier y a La idea de principio en Leibniz, que tampoco versa sobre Leibniz, se ocupa más de Aristóteles, Descartes y Husserl. Los rasgos más exigentemente losócos se hallan transferidos a extensas notas a pie de página donde precisa con rigor incontestable las limitaciones del cogito, sus diferencias con Husserl o subraya las rigideces del escolasticismo aristotélico-tomista. La invitación de Balaguer a representar un alter ego en tantas obras de Ortegaes un elocuente hallazgo hermenéutico que facilita profundizar en la peculiaridad del método expositivo orteguiano. Aunque se trate de una sola palabra en que condensa una apre-ciación o una crítica, el caso es que Ortega siempre acierta, al emplearla, a penetrar en el meollo de lo que lee. Para comprobar cómo capta lo esencial con una palabra o una frase, basta con contrastar que nunca necesita desdecirse de la precisión de sus interpretaciones. Las metáforas que usa para referirse a un aspecto o al conjunto del texto comentado resaltan siempre lo que se pretende. Cuanto más metafórica más ajustada es su observación. Cuanto más genérica es la condensación en una sola frase de toda una época histórica, como el Imperio Romano, el Humanismo, el Renacimiento, el escolasticismo, el Barroco o el giro copernicano, más acertada y penetrante la alusión. Ortega nunca yerra a pesar de que se expone a que la generalización resulte pretenciosa. La penetración en el texto ajeno es tan intensa que no necesita ser extensa. No hace alarde, aunque se arriesgue a 6 Madrid: Revista de Occidente, 6ª ed. 1960 pp. 1131-158. Al nal hay esta alusión directa: “esto es para mí todo el libro de Moreno Vialla. Hay en él un poema titulado «en la selva fervorosa» que debe el lector leer”. Es signicativo, a los efectos de este comentario que Ortega rectique a Cicerón: quasi in alieno loco colocantur, dice Cicerón, De Oratore, III, 38. Sin embargo, la transferencia es en la metáfora siempre mutua: el ciprés es la llama y la llama es el ciprés”, p 153n. 450 | nº 39, pp. 443-455 |julio-diciembre de 2024De primera a segunda navegación: metáfora y decir de José Ortega y Gasset, lósofo periodistaISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978doxa.comunicaciónque la na ironía en la que ocasionalmente se oculta el sarcasmo pueda ser malinterpretada. La agudeza del comentario procede de la seguridad que emana de la solvencia de su calado. Motivo tal vez por el que, a veces, desdeñe con alguna petulancia, los aca-demicismos rituales, o pase por alto el detalle canónico de la cita académica. Lo que pueden parecer ocurrencias intuitivas, no son meras agudezas, corresponden a una sintética concisión del comentario, cuyo uso metafórico se resuelve en su profundidad. Cada metáfora que emplea dice más de lo que llega a decir un extenso comentario. Si no fuera así, Ortega quedaría más como es-critor de vivacidad literaria, más volteriano que rusoniano, que como lósofo cuya consistencia puede ponerse a prueba por las deciencias formales sin que esas carencias menoscaben la consistencia y densidad de sus observaciones. Obligado por el exilio o la enfermedad, a veces “cita de memoria” (X, 464). Gran parte de la gran aportación del trabajo de Balaguer sobre los límites del decir en Ortega estriba en evidenciar su desenvoltura de escritor para poner sobre el tapete la capacidad de penetración del lósofo. Visto así, no solo no cabe duda de que en su segunda navegación es más lósofo que escritor, sino de que tampoco cabe dudar de que fue un genuino lósofo sin dejar de ser un escritor genial, como lo fueron Pascal, el propio Leibniz, o Nietzsche en quienes la destreza literaria fue instrumento principal de su congruencia losóca. Leído el “lenguaje en el último Ortega” a través de la semblanza de Balaguer, es más fácil deleitarse en cómo puede sintetizar Ortega en un apunte o una breve frase la discrepancia de fondo respecto de otro lósofo, o cómo se anticipa, sin ser especialista en losofía griega, a los especializados en ella. Ortega no cita a Havelock (1994), pero sus acotaciones a la crítica platónica a los poetas en la República se adelantan al meticuloso estudio de Prefacio a Platón. De Jaeger apenas dos notas a pie de página y un comentario en el que reprocha su beatería helénica (IX, 133). Hace falta estar muy seguro de sí mismo para arriesgarse a ese juicio ante un lólogo cuya escuela ha desempolvado todo el discurso losóco griego. Ante una obra como Paideia (1957/1933), Or-tega atiende a las limitaciones del conjunto sin tener que probar su discrepancia bajando a los detalles. Lo mismo ocurre con los lingüistas a los que toma la medida por la justeza del comentario, Trubezkoy, Saussure, Meillet, Whitney. Lo que parece fruto de la ocurrencia es la fuente de su genialidad. Es el motivo por el que centra su atención en la metáfora como un recurso para llegar a decir lo que está más allá del límite de lo dicho. Su destreza en expresar la claridad losóca recurriendo a guras retóricas es una demostración práctica de que la esencia del lenguaje no es reexiva sino metafórica. Anticipa toda una línea de investigación que desemboca en estudios ahora consolidados como Metáforas de la vida cotidiana deLako y Johnson (1998). La vida cotidiana traba la percepción nuda de los sentidos, no lo descubierto por los artilugios que los extienden fuera de esa trabazón.Los penetrantes comentarios de Balaguer no abarcan, sin embargo, algunas de las implicaciones que derivan de la tesis de “que todo lenguaje es metafórico”. Sustentar “que el logos mismo es frase” es quedarse por detrás de su propio estudio pues margina “la gesticulación” (p. 133). Lo signicativo es que, en la cotidianidad de la vida, el gesto es asimismo metafórico. Desde Platón esto signica que mientras se fragua un lenguaje abstracto, la técnica artesanal ya es una analogía mimética de la naturaleza, una metáfora que desborda la mera imitación repetitiva. La asignación de función a un objeto material requiere una manipulación, que es gestual a la vez que intelectiva, para atribuir a la pieza una función de uso, lo que no evita que el uso personal sea imprevi-sible. La naturaleza no proporciona función alguna por sí sola, por lo que ha de ser inventada. Esta actividad integra la vida coti-diana. A mi entender, cuando dice que “la lengua es la gran metáfora” (p. 151) se queda corta en su apreciación de lo metafórico. La lengua no es “la gran” metáfora. La metáfora originadora es la mímesis técnica, la invención que solo se realiza en el quehacer humano del que forma parte el lenguaje. Es un instrumento constitutivo de la diferencia humana, pero no el factor constituyente. Ortega siempre trató de trazar una línea de demarcación entre lo propiamente humano y lo meramente animal. Procede de la doxa.comunicación | nº 39, pp. 443-455 julio-diciembre de 2024Luis Núñez LadevézeISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978| 451 intencionalidad, que “en nuestro gesto es signicativa” (p. 160). Reside en la facultad técnica de asignar intencionalmente una función de uso a lo que por sí no lo tiene. Hace falta un inmenso desarrollo intelectual para que la técnica deje de ser mimética y pase a ser automática en la fase de la revolución industrial. Hasta entonces el hacer mimético no es sustituido por el engranaje mecánico. Por eso la metáfora solo indebidamente puede entenderse como un “mecanismo” (p. 150). Es, como la misma Bala-guer rubrica, “un procedimiento intelectual” del hombre que, cuando hace algo, adosa una invención a lo que manipula imitan-do lo que ve para ir más allá de lo visto. Ahí anida la metáfora. Los automatismos sociales del uso, no son dispositivos que aten la espiritualidad a la corporalidad. Sus repeticiones no son engranajes en serie iguales como en el automatismo mecánico. Son, como dijo Platón de la escritura, sustitutos técnicos de la memoria, lo cual signica que la técnica no empieza ni con la artesanía ni con el engranaje, sino con la ideación intencional. Demonizar lo mecánico es ignorar lo diferencialmente humanoTodo el que quiere dárselas de muy espiritual habla contra el maquinismo contemporáneo. ¡Cómo si la máquina fuese algo extraño al hombre! El antimaquinismo es pura fraseología y beatería. El hombre es el animal maquinista y no hay nada que hacer […] Las máquinas son tantas y tan complicadas que hace falta una máquina para manejar las demás (V, 637)7.Sin conocer los procesos digitales que se aplicarían a sus Obras completas, donde Domingo Hernández-Sánchez recuerda que “hablaba Ortega de ciertos libros-máquinas que pudieran liberar a la memoria de esfuerzos innecesarios”(X, 723), Ortega comprendió que el libro-máquina se propone mantener fuera del hombre, sin lastrar su energía mental […] las noticias necesarias sobre uno u otro orden del pragmatismo humano. Algunas obras cientícas son verdaderos aparatos que funcionan casi automáticamente (sobre todo merced a la técnica renada de sus índices) los nuevos «diccionarios enciclopédicos» deben tender a ser aún más grandes máquinas del pragmatismo […] Para fabricar esta máquina mental […] hay que liberar a la memoria para que vaya a lo que es necesario tener en ella, y encomendar todo lo demás, que es también necesario, pero no necesario en la memoria, a libros-máquina (V, 636).Ortega no sospechó adonde llegaría la Inteligencia Articial para reproducir automatismos del uso lingüístico. La máquina men-tal de la IA puede llegar a ser un engranaje productivo de textos, pero no puede sustituir a la mímesis creativa de la memoria, pues la naturaleza no es mimética de sí misma8. La mímesis es una invención que imita las manifestaciones de la naturaleza. Inventa cómo hacer instrumentos que amplían la capacidad sensorial para descubrir lo que hay oculto más allá de los nudos sentidos. Descubrir lo oculto no es lo mismo que inventar un artilugio que no existe hasta que no es inventado. Lo que se descubre está ahí antes de ser descubierto. Lo inventado no está en parte alguna hasta que es inventado. No todos los instrumentos tienen por función de uso descubrir lo que hay oculto al nudo sentido. Entre estos instrumentos el principal es el lenguaje, cuya parti-cularidad consiste en que, como dice Aristóteles, duplica toda la experiencia conocida en el acontecer que representa. Es una representación de lo acontecido, de lo ya descubierto, no de lo que queda por descubrir y experimentar. Por eso el lenguaje no puede decirlo todo, ni lo no descubierto, ni el fondo donde se va desdibujando el tránsito del tiempo que diluye el pasado en la impotencia de la memoria para retenerlo. Indudable mérito del trabajo de Balaguer es haber consolidado la tesis de Ortega de la 7Prólogo a un Diccionario Enciclopédico abreviado V 631-639. 8 Cfr. L Núñez Ladevéze. Retórica y periodismo como artesanías del espíritu ante el reto del algoritmo. Estudios sobre el mensaje periodístico, pendiente de publicación. 452 | nº 39, pp. 443-455 |julio-diciembre de 2024De primera a segunda navegación: metáfora y decir de José Ortega y Gasset, lósofo periodistaISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978doxa.comunicaciónnaturaleza instrumental del lenguaje, un órganon, como lo llamó Platón, un instrumento que tiene su raíz en el grito, el gesto, el ademán y el hacer. El poeta presocrático jó la memoria en sus técnicas declamatorias para mantener la opinión de las creencias fundantes de la polis. Ortega llegó a decir después que la opinión pública es un “uso intelectual”, pero no pudo experimentar que, al ver el mundo a través de un medio televisivo, se generase una opinión que se publicita sin necesidad de hablar. El mimo habla con gestos, sin palabras. La creatividad no radica en la memoria, sino en la actividad que la permite retener lo necesario y pres-cindir de lo superuo. La metáfora es la manifestación que retiene memorísticamente lo imprescindible para liberar el esfuerzo de mantener la atadura lingüística que la oprime. Eso lo anticipó Platón al criticar a los poetas en La república.La magníca aportación Balaguer sobre la segunda navegación no insiste lo suciente en que, ni siquiera para Aristóteles, el logos entendido como verbum, es lo constitutivamente humano. Lo que Aristóteles precisa como constitutivo es que la invención mimética9 es normativa: el hombre puede cumplir mejor o peor o infringir la norma moral que dirige la conducta a un n (Pol. 1253a18). Entonces el “aparato ortopédico” que fabrica el lenguaje (p. 88 y 91) es anterior al lenguaje. La mímesis es una metá-fora del quehacer, lo “que permiteal animal enfermo que pueda habitar un mundo” inventando lo que no hay en ese mundo. No es casual que la palabra más reiterada en los capítulos I y IX de Meditación de la técnica sea ese producto de la fantasía que se concreta en una “invención” que conecta la idea fantaseada con la experiencia. La técnica no es solo “parte constitutiva”, es constituyente. Todo fantasear es producto del articio técnico que desdobla la intencionalidad en un objeto que está fuera de ella. Balaguer da en la diana cuando dice que “el hombre es un ser técnico porque es que-hacer” (p. 93).El hombre puedeusar inadecuadamente los instrumentos técnicos, como el lenguaje, un medio para duplicar lo visto y oído en palabras. Cierto que Aristóteles observa que el lenguaje es exclusivo del hombre, pero su función es subordinada a lo que distin-gue primariamente al hombre: el sentido de lo conveniente y lo perjudicial, del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto. Al dejarse llevar incidentalmente por una propensión logocéntrica, Balaguer, que muestra una indudable soltura para ensamblar anida-des y enhebrar los temas, difumina las diferencias que separan la obra de Ortega de la de otros pensadores, como Benjamin, Derrida o Foucault. Al comentar la similitud temática, se empalidece la diferencia del tratamiento. Acentúa analogías con autores propensos al idealismo crítico, que circunscriben el logos a partir de un atributo lingüístico, sobre todo Heidegger, y opaca las diferencias, no de matiz, que los separan de Ortega, siempre adversario del criticismo idealista, por suavizado que sea, como el de Gadamer cuya hermenéutica es lingüística porque arraiga en Heidegger quien sustenta que lo constitutivo del hombre es morada del lenguaje. A mi entender, la pugna de Ortega con Heidegger radica en que la técnica constituye al lenguaje, no al revés.Si “la estructura gramatical de nuestros idiomas también es fruto de la técnica”, una técnica que se ha ido perfeccionando con el paso del tiempo” (p. 94), entonces la técnica gramatical, un procedimiento mental para mantener el lenguaje en la memoria sin tener que esforzarse en retenerlo, es previa al lenguaje y lo diferencial no es el logos, sino la intencionalidad, la técnica de desdo-blamiento de la intención en su objeto, de la función asignada en la materia a la que se asigna, del signicante en signicado. La intencionalidad metafórica imita lo que la naturaleza ofrece y la artesanía humana lo materializa en la vida comunitaria. Como para Platón, para Ortega las “cosas” son “asuntos” con los que tratamos en la vida. La gramática nace como técnica de duplicación 9 Desde el inicio de la Poética Aristóteles ja el conjunto de las artes como ejercicios miméticos: πᾶσαιτυγχάνουσινοὖσαιμιμήσειςτὸσύνολον, 1447a15-16, para especicar luego el arte que solo imita con el lenguaje: μόνοντοῖςλόγοις, 1447a29. Para Aristóteles el arte escrito es la artesanía que distingue la poética. doxa.comunicación | nº 39, pp. 443-455 julio-diciembre de 2024Luis Núñez LadevézeISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978| 453 de la naturaleza en la vida primordial, lo que explica que la analogía metafórica rezume en los asuntos de la vida corriente. Im-plica que el mimetismo es la técnica no automatizable que precede a la gramática constitutiva del lenguaje. Platón y Aristóteles no fueron logocéntricos, tampoco lo fue Descartes ni Ortega, quien rechazó la cción idealista de una racionalidad derivada del logos, un adversario al que siempre repudió.La metáfora es trasladada al lenguaje por la trama mimética constante de la vida cotidiana que genera el lenguaje. Balaguer inci-de en que, en la noción humboldtiana de energeia,procedente de Aristóteles a través de Platón, como mostró Bühler,es el anclaje de su “nueva lología” y su “teoría del decir”. Humboldt recibe esta idea de energeia de la concepción instrumental platónica. Chomsky ha reparado en este asunto dedicando un extenso capítulo al “problema de Platón”10 para argumentar por qué la inte-ligencia articial no puede amular la creatividad humana. Las funciones del órganon fueron reconstruidas por Karl Bühler cuya Teoría de la expresión es prologada por Ortega. Cuando los neogramáticos ceden el paso a la lingüística estructural, para la cual una lengua puede decirlo todo, Ortega enseña, frente al nuevo paradigma, que Humboldt previene de que una lengua no solo no puede decirlo todo, sino que no dice todo lo que parece decir. Lo relevante es que las metáforas, como muestra Balaguer al cen-trar su atención en los Apuntes para un comentario al Banquete de Platón, llevan el decir del presente a su límite. La estructura de una lengua puede que sea inconmensurable como dijeron los estructuralistas, mientras se limite a lo conocido y experimentado, pero eso no signica que abarque la inconmensurabilidad de lo desconocido pendiente de descubrir o ya perdido en lo dicho en el fondo del pasado. Balaguer enmarca con rigor el margen en que el lenguaje dicho deja algo oculto, algo que no dice y algo que queda por decir en el silencio o que el silencio oculta al callar lo que podría haberse dicho.¿Este no ser dicho por una lengua abre la puerta a una Nueva Filología cientíca o se trata más bien de una opción hermenéutica? Mi impresión es que se trata de una hermenéutica en la que la lología ocupa un nuevo lugar, y que la expresión “nueva lología” es pretenciosa. Hay otros acercamientos que la teoría del decir de Ortega anticipa cuando no se contaba con el instrumental me-todológico idóneo para indagar en los automatismos del uso, como la pragmática de Grice11 cuyas reglas abordan como si fueran automatismos, sobreentendidos, presuposiciones, silencios, titubeos, incluida la expresividad metafórica en el uso cotidiano. La teoría de texto o la propuesta de “gramática de una expresión” de Witttgenstein abordan las diferencias en los usos textuales o contextuales de una signicación de lengua. Estos avances fueron preludiados por Ortega. Ortega es un lósofo que no se acomoda a corsés academicistas. Ningún trabajo de Ortega, ni el más cuidado –aunque a veces parece atender con precisión la cita bibliográca otras tanta la descuida–, podría superar una revisión por pares de una revista que se ocupara en publicar trabajos sobre su obra, incluida la Revista de Estudios Orteguianos. En Ortega parece haber un conic-to entre sus prisas de periodista por no olvidar lo que quiere decir y el encorsetamiento académico con que ha de revestir lo que dice. Esa despreocupación orteguiana del formalismo, tal vez rebeldía, es propia del periodista, que, obligado a la precisión en los detalles también lo está para ocultar las fuentes y servir a los apremios de la actualidad. Cultiva el género de comentario que da primacía a la lucidez del estilo sobre la deuda de sus ideas. La diferencia con otro cronista es que el Ortega periodista cuando comenta no tiene necesidad de declarar su deuda, porque si las ideas no son suyas, son tantas las suyas, que no tiene por qué 10 Chomsky, Noam. Knowledge of Language. Its nature, Origin, and Use. New York: Praeger, 1985. Facing Palto’s Problem, pp. 51-220. 11 Grice, Paul (1991). Studies in the way of words. Harvard univ. Press. 454 | nº 39, pp. 443-455 |julio-diciembre de 2024De primera a segunda navegación: metáfora y decir de José Ortega y Gasset, lósofo periodistaISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978doxa.comunicacióndisimular que algunas no lo son. Como lósofo, es un inconformista con la liturgia, como lo fue Nietzsche que tanto le inspiró, aunque a diferencia con el escritor germano, no intentó acabar con ella. Despreciaba el escolasticismo que anida en el prurito heredado desde fuera, pero apreciaba la liturgia que dignica una función.El valor de las palabras no es jo como tampoco lo son los acontecimientos a los que hay que dar nombre o consignar como unitariamente distintos de los demás. El origen de la delimitación de unidades procede de la propia percepción, es decir, de la vida unitaria que distingue y separa unos organismos de otros y, en ellos, unas percepciones de otras. Por eso, Ortega dice que la vida real es lo concreto y el signicado propio es lo dicho en el momento. La abstracción es una petricación producida por el lenguaje escrito cuyo antecesor fue la declamación poética que Platón reprende. Razón por la cual el lósofo no tiene primacía sobre la realidad, es decir, sobre la vida, y, por eso, tampoco la labor losóca contemplativa lo tiene sobre la visión concreta del periodista, quien está al servicio del acontecer cotidiano de los ciudadanos. La realidad es la incesante actualidad que se concre-ta. La labor de Marta tiene prelación sobre la de María.Conicto de interesesEl autor declara no tener ningún conicto de intereses.Referencias bibliográcasBalaguer García, E. (2023). Los límites del decir. Razón histórica y lenguaje en el último Ortega. Tecnos.Blanco-Alfonso, I. (2023): Nací sobre una rotativa. Las empresas culturales de José Ortega y Gasset. Tecnos.Chomsky, N. (1985). Knowledge of Language. Its nature, Origin, and Use. “Facing Palto’s Problem”, pp. 51-220. Praeger.Grice, Paul (1991). Studies in the way of words. Harvard univ. Press.Havelock, Eric A. (1994). Prefacio a Platón. Madrid: Visor.Jaeger, W. (1957). Paideia. México: FCE.Lako y Johnson (1998/1980). Metáforas de la vida cotidiana. Madrid: Catedra.Núñez Ladevéze, L, Álvarez de Mon, I. y Núñez Canal, M. (2022). Ensimismamiento y tecnicidad: aportaciones recientes para una interpretación sistematizada de la obra de Ortega y Gasset. Doxa Comunicación. Revista Interdisciplinar de Estudios de Comunicación y Ciencias Sociales, (35), 379-393. https://doi.org/10.31921/doxacom.n35a1680Ortega y Gasset, J. “Ensayo de estética a manera de prólogo” en La deshumanización del arte.Ortega y Gasset, J. (2004-2010). Obras Completas. Madrid: Fundación Ortega-Marañón. IV. Recticación de la república” 837-855. V Meditación de la técnica V. Prólogo a un Diccionario enciclopédico abreviado 631-639. IX. Prólogo para alemanes.
doxa.comunicación | nº 39, pp. 443-455 julio-diciembre de 2024Luis Núñez LadevézeISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978| 455 IX La idea de principio en Leibniz y la evolución de la teoría deductiva 929-1174. X. Índice de conceptos, onomástico y toponímico. Domingo Hernández Sánchez, pp. 718 y ss. Platón (1871-1872). Fedón en Obras Completas de Platón puestas en lengua española por Patricio de Azcárate, t. V. https://www.losoa.org/cla/pla/azcarate.htmPlatón (1971). Fedón traducción Luis Gil en Guadarrama LaborPlatón (. ) Fedón en Diálogos.Gaos, J. (1992). Obras Completas. “Sobre Ortega y Gasset y otros trabajos de historia de las ideas en España y la América Española”, t. IX. UNAM.Ortega y Gasset, J. (2004-2010). Obras completas. 10 vols. Taurus-Fundación José Ortega y Gasset.Platón (1969). Diálogos. EDAF.