Perles de consumo informativo ante la desinformación: exposición y reacciones ante una información sospechosa News consumption proles facing disinformation: exposure and responses to suspect information doxa.comunicación | nº 43, pp. 347-371 | 347 julio-diciembre de 2026ISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978Cómo citar este artículo: Pastora Estebanez, P. y García-Faroldi, L. (2026). Perles de consumo informativo ante la desinformación: exposición y reacciones ante una información sospechosa. Doxa Comunicación, 43, pp. 347-371.https://doi.org/10.31921/doxacom.3519Pablo Pastora Estebanez. Doctorando en la Universidad de Málaga. Graduado en Sociología (Universidad de Granada) y máster en Sociología Aplicada (Universidad de Málaga). Ha trabajado como investigador en el proyecto andaluz “Im-pacto de la desinformación en Andalucía: Análisis transversal de las audiencias y las rutinas y agendas periodísticas (Desinfoand)”. Actualmente investiga en el proyecto nacional “Aplicaciones periodísticas de la IA para reducir la desin-formación: tendencias, usos y percepciones de profesionales y audiencias (DESINFOPERIA)”. Sus líneas de investigación están centradas en el estudio de la desinformación, inteligencia articial y su impacto en el periodismo y las audiencias, polarización y teorías de la conspiración, abordando estos temas desde una perspectiva de la sociología computacional, que integra el análisis de datos y modelos computacionales para entender fenómenos sociales complejos.Universidad de Málaga, España [email protected]ORCID: 0000-0003-4629-4860 Livia García-Faroldi. Profesora Titular de Sociología en la Universidad de Málaga. Sus investigaciones se centran en el estudio de la opinión pública, utilizando para ello encuestas nacionales e internacionales. Sus principales líneas de investigación son la sociología de la familia (estudio del cambio en los roles de género y las estrategias de conciliación y corresponsabilidad) y la sociología política. Recientemente ha analizado la brecha digital en la participación política, así como la opinión pública ante las noticias falsas y la difusión de la desinformación en la ciudadanía, temática sobre la que ha dirigido junto a Laura Teruel el Proyecto de Excelencia “Impacto de la desinforma ción en Andalucía: análisis transversal de las audiencias y las rutinas y agendas periodísticas. DesinfoAND” (ProyEx cel_00143, PAIDI 2020) y pu-blicado el monográco Los medios de comunicación ante la desinformación: inteligencia articial, discursos del odio, teorías de la conspiración y vericación, publicado por Tirant y disponible en abierto.Universidad de Málaga, España [email protected] ORCID: 0000-0001-7816-7562 Este contenido se publica bajo licencia Creative Commons Reconocimiento - Licencia no comercial. Licencia internacional CC BY-NC 4.0Recibido: 23/12/2025 - Aceptado: 15/04/2026 - En edición: 22/06/2026 - Publicado: 01/07/2026Received: 23/12/2025 - Accepted: 15/04/2026 - Early access: 22/06/2026 - Published: 01/07/2026Resumen: El presente artículo analiza los perles de consumo informativo y su relación con la sospecha de haber recibido información falsa y con las reacciones generadas por dicha sospecha. A partir de una encues-ta representativa de la población andaluza (n=1.550), se identican Abstract:is article analyzes patterns of news consumption and their relationship with the perception of having been exposed to false information, as well as with the responses triggered by such perceptions. Based on a representative survey of the Andalusian population

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348 | nº 43, pp. 347-371 | julio-diciembre de 2026Perles de consumo informativo ante la desinformación: exposición y reacciones ante una información sospechosaISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978doxa.comunicación1. IntroducciónLa generalización de dispositivos digitales, y especialmente de los smartphones, con conexión continua a internet ha supuesto una transformación profunda en los últimos años en cómo se estructura el acceso a la información en la sociedad actual, su interpretación y su valoración. El consumo de información es ahora fragmentado, crece la desconexión informativa y la descon-anza tanto hacia los medios tradicionales como hacia las plataformas y redes sociales. El presente artículo aborda los diferentes perles de consumo informativo que existen en la actualidad y cómo se relacionan con el fenómeno de la desinformación. 2. Marco teórico2.1. La transformación de la manera de consumir noticiasEl consumo de noticias ha vivido cambios profundos en los últimos años. Tras la irrupción de internet en la vida cotidiana, que llevó a la digitalización de los medios de comunicación tradicionales, la expansión de las redes sociales a cada vez segmentos más amplios de la población ha provocado nuevas transformaciones en el panorama informativo. Las mismas se pueden resumir en tres: (i) la descentralización y personalización del consumo; (ii) la erosión del rol del profesional de la información; y (iii) el crecimiento de la desconexión informativa y del consumo incidental de noticias.Por lo que se reere a la descentralización y personalización del consumo, la última edición española del Digital News Report (2025, en adelante DNR) conrma que todos los canales informativos han perdido peso, incluso las redes sociales, y que el consumo por internet es mayoritario (siete de cada diez españoles ha utilizado algún canal online). La televisión mantiene el tres perles de consumo mediante análisis de conglomerados. Poste-riormente, se estiman modelos de regresión logística para analizar la probabilidad (1) de sospechar haber recibido desinformación, (2) de reaccionar a través de la consulta de medios de comunicación o (3) de vericación, o (4) la probabilidad de no hacer nada. Los resultados muestran que los perles con mayor consumo digital presentan una mayor probabilidad de sospecha, pero no necesariamente una mayor reacción. El interés político emerge como el principal predictor de las respuestas activas, mientras que la pasividad se concentra especial-mente en perles digitales de bajo interés informativo. Estos hallazgos sugieren que la gestión de la desinformación recae sobre los sectores más politizados de la ciudadanía, lo que refuerza las dinámicas de des-igualdad en la esfera pública digital.Palabras clave: noticias incidentales; desconexión informativa; IAG; redes sociales; agencias de vericación.(n=1,550), three consumption proles are identied through cluster analysis. Subsequently, logistic regression models are estimated to examine (1) the likelihood of suspecting exposure to disinformation, (2) the likelihood of reacting by consulting news media, (3) engaging in verication practices, or (4) taking no action. e results show that proles with higher levels of digital consumption are more likely to report suspicion of disinformation, but not necessarily more likely to respond to it. Political interest emerges as the main predictor of active responses, whereas passivity is particularly concentrated among digitally oriented proles with low informational interest. ese ndings suggest that the management of disinformation is disproportionately borne by the most politically engaged segments of the population, thereby reinforcing existing inequalities within the digital public sphere.Keywords: Incidental news consumption; news avoidance; generative articial intelligence; social media; fact-checking.
doxa.comunicación | nº 43, pp. 347-371 julio-diciembre de 2026Pablo Pastora Estebanez y Livia García-FaroldiISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978| 349 liderazgo como principal canal para informarse (54%), seguida por las redes sociales (46%), la versión digital (webs y apps) de periódicos tradicionales (25%), y en último lugar los diarios impresos (19%) y la radio (18%). La brecha generacional se hace evidente en las pautas de consumo informativo, vinculada al uso masivo y constante de las redes por parte de las generaciones más jóvenes. Según el Estudio sobre audiencias de medios de comunicación social (II) del CIS (2025, estudio 3.511), el 56,2% de los jóvenes de 18 a 24 años suele informarse a través de la televisión, frente al 70,4% del conjunto de la población. En cambio, la pequeña pantalla es nombrada por más del 80% de los españoles de 55 y más años. En el extremo contrario, entre quienes tienen de 18 a 24 años el uso de las redes como canal informativo es abrumador (87,3%). Por el contrario, el uso es mucho menor –si bien no anecdótico– entre quienes tienen de 65 a 74 años (el 38,7%) y, especialmente, a partir de los 75 años (14,5%). El protagonismo de las redes como canal informativo puede explicarse por varios rasgos que las caracterizan. Según argumenta la teoría de los usos y graticaciones, las audiencias están motivadas para escoger a un medio que satisfaga sus necesidades y del que obtenga graticaciones como la vigilancia, la búsqueda de información y el mantener contacto con otros (Katz et al., 1973, Katz et al., 1974, McQuail et al., 1972). Así, las noticias cubrirían necesidades cognitivas, afectivas, de integración personal y de escape o catárticas (Katz et al., 1973). En un reciente estudio cualitativo, Anderson (2025) encuentra que las graticaciones so-ciales y emocionales son más frecuentes en los jóvenes y en las mujeres. Este tipo de graticaciones, por su parte, son más fáciles de conseguir a través de los social media que de los medios de comunicación tradicionales. Este autor encuentra que, si bien son importantes valores noticiosos consolidados como la relevancia, la oportunidad y la magnitud, las personas más jóvenes dan importancia al contenido en directo y la capacidad de compartir las noticias a través de redes sociales. El consumo de las noticias no solamente ha cambiado porque se han diversicado los canales por los que se informa la ciudada-nía, sino por el carácter del consumo, que es más personalizado y permite potencialmente una mayor participación del público (si bien no implica que necesariamente se materialice). Según el DNR (2025), el acceso algorítmico es el predominante hoy en día (59%), mientras el acceso directo a las noticias a través de la búsqueda de marcas periodísticas, redes, buscadores, agregadores y noticaciones es del 37%. Una segunda consecuencia de la transformación de los hábitos de consumo informativo se reere a la erosión del rol del profe-sional de la información, quien ha visto disminuido su papel como gatekeeper (quien ltra y selecciona qué es noticia y qué se pu-blica). Este fenómeno se relaciona estrechamente con el auge de los nuevos canales informativos y, en particular, con la aparición de los llamados Social Media Inuencers (SMI, Hudders et al., 2020), guras que pueden considerarse líderes de opinión, y que extrapolan al contexto digital las teorías clásicas de la comunicación como las de Lazarsfeld et al. (1944) y Katz (1957). El estudio de Peter y Muth (2023) analiza, a través de un enfoque cualitativo, el impacto de los inuencers en la formación de opiniones polí-ticas. Los jóvenes utilizan a los inuencers como complemento a los medios tradicionales, especialmente para comprender temas complejos (Stehr et al. 2015). Las entrevistas muestran que los medios tradicionales se consideran más creíbles para informarse de política que estos líderes, que inuyen al reforzar opiniones previas más que al modicarlas. El último cambio relevante en la esfera comunicativa se reere al crecimiento de la desconexión informativa y del consumo incidental de noticias. El último informe del DNR (2025) recoge que el 37% de los españoles declara que evita las noticias a me-nudo o a veces, especialmente los grupos más jóvenes y los que declaran desinterés político o posiciones políticas extremas. La
350 | nº 43, pp. 347-371 | julio-diciembre de 2026Perles de consumo informativo ante la desinformación: exposición y reacciones ante una información sospechosaISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978doxa.comunicaciónautopercepción informativa (medida a través del grado en que la persona se considera informada de lo que sucede en el país) es del 68,5% en España, según los datos del estudio 3.511 del CIS mencionado anteriormente (2025). Ello supone un descenso de 4,5 puntos porcentuales con respecto a dos años antes (Feriouni y Ahmed-Mohamed, 2024). En ambas ocasiones, los jóvenes se consideran menos informados que el conjunto de la población, si bien en 2025 su promedio ha subido, y pasa del 59% al 60,7%. Sí ha cambiado el grupo que se considera más informado, que en 2023 era el de 55 a 64 años (el 79% se autopercibía así) y en 2025 es el de 45 a 54 años (73,4%). Los motivos por los que los jóvenes tienen esa percepción menor son tres, según Feriouni y Ahmed-Mohamed (2024): 1) sus intereses no están alineados con las noticias de actualidad, que están muy enfocadas en política y economía, pues preeren información relacionada con el entretenimiento y los deportes (tendencia también corroborada en el estudio de Catalina-García et al., 2021); 2) su consumo fragmentado y rápido a través de las redes sociales; y 3) su exposición ma-yoritariamente incidental (no intencionada), lo que genera que perciban que su conocimiento es más supercial. No obstante, el colectivo de los jóvenes no es uniforme y se pueden encontrar diferencias en cómo se consumen noticias según la edad y el nivel educativo (Catalina-García et al., 2021). Como señalan Boczkowski et al. (2017), las noticias incidentales consumidas a través de redes sociales suponen una ruptura con respecto a cómo se consumían los medios tradicionales, cuyos tiempos estaban estructurados. El consumo incidental implica que se desdibuja la frontera entre las noticias y otros contenidos que llegan a través de redes sociales, el acceso a ellas es cons-tante, pero se hace clic de manera muy esporádica en las mismas, y se dedica poco tiempo a leerlas. Junto al aumento de la desconexión informativa y del consumo de noticias incidentales, se detecta en los últimos años la reduc-ción de la dieta informativa. Según los datos del DNR (2025), en España el 9% no consulta ninguna fuente periodística, el 21% utiliza una o dos marcas periodísticas por semana y el 49% consultó cinco o más marcas periodísticas. Como se señala en el informe, estos datos tienen una lectura positiva y una negativa: con respecto a la positiva, implica una delización de una parte de los consumidores, pero por otro lado aumenta el riesgo de sesgos cognitivos y dinámicas de aislamiento informativo, que se refuerza por la creciente personalización de contenidos. 2.2. La expansión de la desinformación en los entornos digitales y sus consecuenciasLa desinformación denida por la Comisión Europea como “información vericablemente falsa o engañosa que se crea, presenta y divulga con nes lucrativos o para engañar deliberadamente a la población, y que puede causar un perjuicio público” (2018, p.5) se ha generalizado como uno de los fenómenos que caracterizan la sociedad actual, cuya interferencia en la política tanto en clave nacional como internacional es cada vez más evidente. Tanto es así, que el Foro Económico Mundial en su informe de 2025 sobre los riesgos globales (Global Risks Report 2025) consideraba como principal riesgo para los próximos dos años la información falsa, ya sea intencional (desinformación) como no intencionada (misinformation). Estos fenómenos desinformativos conectan a su vez con otros como las teorías de la conspiración o los discursos de odio, y tienen consecuencias tanto en la esfera comunicativa como en la social y política. La difusión de información falsa inuye en dinámicas sociales como el descrédito de los medios de comuni-cación, la polarización social, el debilitamiento de la conanza institucional y la erosión del conocimiento cientíco.Shu et al. (2020) categorizan los desafíos vinculados a la desinformación en dos tipos, los relacionados con el contenido y los relacionados con los usuarios. Con respecto a los primeros, el contenido de la desinformación frecuentemente es sensacionalista
doxa.comunicación | nº 43, pp. 347-371 julio-diciembre de 2026Pablo Pastora Estebanez y Livia García-FaroldiISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978| 351 y emocional, impacta más en el consumidor de la información y hace que interactúe más con ella (Shu et al., 2017). Por ello, las publicaciones que contienen contenido fabricado suelen volverse “virales” y “tendencia” en las redes sociales (Vosoughi et al., 2018). Además, el bajo coste de crear fuentes generadoras de bulos y la facilidad para utilizar bots de redes sociales controlados por software para ayudar a difundirlos contribuyen a este problema (Shao et al., 2017). En lo que se reere a los desafíos vinculados al usuario, quienes se informan a través de redes sociales tienen una mayor vulnera-bilidad ante la desinformación. En un estudio reciente (Montiel Torres et al., 2025), se observó que los jóvenes (15-24 años) reco-nocen más dicultades para identicar la información falsa, mientras que, en el extremo contrario, los mayores de 75 años mues-tran mayor conanza en su capacidad (los que más consumen información a través de medios tradicionales). Como advierte Pariser (2011), un aspecto importante de las plataformas de redes sociales que debe considerarse es la existencia de “burbujas” o “cámaras de eco” creadas como resultado de los sistemas de recomendación de estas plataformas. De esta forma, los usuarios están expuestos a contenidos que se alinean con sus propias creencias, reforzándolas en el proceso, al tiempo que permanecen ajenos a narrativas y creencias opuestas. Estas “cámaras de eco” o “burbujas” hacen que la tarea de detección y mitigación de la desinformación sea especialmente difícil pues, como señalan Shu et al. (2020), estar expuestos repetidamente al mismo punto de vista solo refuerza las creencias preexistentes y crece la resistencia a cambiar de opinión, incluso si se demuestra la falsedad de la información. A su vez, estas “burbujas” informativas producen una separación cada vez mayor entre grupos de ciudadanos con diferentes opiniones, lo que diculta el consenso y fomenta la polarización. El debate académico reciente se centra en el papel de las plataformas digitales en este proceso. Mientras algunos estudios sostienen que las “cámaras de eco” y “burbujas de ltro” (Terren y Borge, 2021) aíslan a los individuos en entornos informativos homogéneos, otras investigaciones matizan esta visión, y señalan que la exposición incidental a perspectivas divergentes sigue existiendo (Dubois y Blank, 2018). Esta exposición intencionada y selectiva explica que, más allá del control de los algoritmos, los usuarios tienden a buscar y reforzar aquellos contenidos que conrman sus creencias previas, al tiempo que rechazan activamente las visiones contrarias (Tucker et al., 2018).Sin embargo, la desinformación no circula únicamente a través de las redes sociales. Dado el bajo coste que supone crear y pu-blicar contenido en línea y el enorme alcance de las plataformas de redes sociales, recientemente han surgido varias fuentes de medios alternativos (los llamados pseudo medios) que a menudo difunden armaciones falsas y/o altamente sesgadas. Cuando los medios de comunicación tradicionales se hacen eco de estas informaciones para desmentirlas, aumentan su difusión –en principio limitada– y pueden provocar como consecuencia que crezca la desconanza de las audiencias hacia las fuentes me-diáticas legítimas (Haller y Holt, 2019). La combinación de una dieta informativa basada en el consumo de información a través de redes y la difusión de desinformación en dichos entornos tiene consecuencias negativas sobre la conanza en los medios. Se destacan aquí tres investigaciones en las que se ha analizado el caso español. Hameleers et al. (2022), a través de una encuesta propia realizada en diez países europeos, concluyeron que la percepción de existencia de desinformación y de información falsa no intencionada reduce la conanza en las noticias y se asocia con un mayor consumo de estas a través de canales no periodísticos. La asociación entre menor conanza en las noticias y uso de redes sociales y otros canales no periodísticos se había comprobado en el análisis de Fletcher y Park (2017) en 11 países, con datos del DNR (2015) y la misma conclusión la obtuvieron Park y sus colegas (2020), con los datos del DNR de 2016 y 2019 para 26 países.
352 | nº 43, pp. 347-371 | julio-diciembre de 2026Perles de consumo informativo ante la desinformación: exposición y reacciones ante una información sospechosaISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978doxa.comunicaciónEn el ámbito español, el último informe del Digital News Report (2025) detecta cuatro perles de población cuando se cruza su interés en las noticias y la credibilidad que otorgan a las mismas. La categoría que más ha crecido en los últimos cinco años es la denominada “ninis informativos”, es decir, aquellos que declaran tener poco interés en las noticias y otorgarles escasa credi-bilidad. Si en 2021 representaban una cuarta parte de la población, en 2025 suponen el 38%. Ello pone de relieve la desconexión informativa cada vez más extendida entre la ciudadanía. En el extremo contrario, quienes muestran un alto interés en las noticias y una alta conanza disminuyen en número, pasan del 29% en 2021 al 20% en 2025, casi la mitad que el primer grupo. No obstante, la conanza en las noticias no es un fenómeno uniforme y se encuentran diferencias signicativas según el canal de donde proviene la información. Por ejemplo, los estudios muestran que la conanza es mayor cuando se pregunta por las noti-cias que se consultan personalmente que cuando se interroga sobre la conanza en general (el 40% en España en el primer caso y el 31% en el segundo, según los datos del DNR, 2025). También diversas encuestas han puesto de maniesto que se confía más en la información publicada por las marcas periodísticas que en aquellas que proceden de redes sociales. Por ejemplo, los datos del estudio 3.511 del CIS (2025) muestran que más de la mitad de la población confía en la información de la radio y de la prensa es-crita, uno de cada cuatro en la de la televisión y la sexta parte en la de las redes sociales. Curiosamente, la conanza mostrada por los jóvenes en todos estos canales informativos es superior a la del conjunto de la población excepto en el caso de la radio, siendo especialmente acusada la diferencia en lo que a las redes en primer lugar y la prensa en segundo se reere. En el caso de las redes, confían el 29,7% de los jóvenes en las noticias que se publican, en el de la prensa, el 63,1%. Esta mayor conanza de los jóvenes en la prensa consolida la tendencia encontrada en la anterior oleada de dicha encuesta (Feridouni y Ahmed-Mohamed, 2024). También Catalina-García et al. (2021), en el sondeo que realizan a jóvenes de Madrid (17-24 años), encuentran que los jóvenes otorgan más credibilidad a los medios tradicionales que a las redes, aunque sean estas últimas su principal vía de acceso.Por último, no se puede terminar esta sección sobre el auge de la desinformación en el sistema híbrido de medios sin mencionar la reciente irrupción de la Inteligencia Articial Generativa (IAG) y el papel que juega en este contexto. Existe un consenso gene-ralizado entre la ciudadanía en que ayuda a producirla (imágenes falsas, deepfakes) y distribuirla (mediante bots y algoritmos de recomendación), si bien también son mayoría los que consideran que puede ayudar a combatir los bulos mediante herramientas que faciliten su detección (García-Faroldi et al., 2025).2.3. Preguntas de investigación e hipótesis Tras la revisión de la literatura, este trabajo pretende contestar a las siguientes preguntas de investigación:1. ¿Cuáles son los perles de consumo informativo que caracterizan a la población? ¿Con qué características sociodemográ-cas, políticas e informativas se relacionan?2. ¿Existen diferencias en la probabilidad con que se sospecha haber encontrado información falsa y con las reacciones ante dicha sospecha según los perles de consumo informativo?3. ¿Qué variables de carácter sociodemográco, político e informativo se relacionan con la probabilidad con que se sospe-cha haber encontrado información falsa y con las reacciones ante dicha sospecha?Con respecto a la primera pregunta de investigación, se espera que los perles de consumo informativo se relacionen principal-mente con el mayor o menor acceso a las noticias a través de las redes sociales (H1).
doxa.comunicación | nº 43, pp. 347-371 julio-diciembre de 2026Pablo Pastora Estebanez y Livia García-FaroldiISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978| 353 En lo que se reere a la segunda pregunta de investigación, se esperan diferencias signicativas en la probabilidad de haber encontrado información falsa, siendo más probable entre quienes más se informan a través de las redes sociales (H2a). Se espe-ran también diferencias signicativas según los perles de consumo informativo en las reacciones que se producen ante dicha sospecha (H2b).Por último, se espera que las variables de carácter informativo y político sean más relevantes que las de carácter sociodemográ-co para estimar la probabilidad de sospechar haber recibido información falsa y de las reacciones ante dicha sospecha (H3).3. MetodologíaPara contestar a las preguntas de investigación y vericar las hipótesis propuestas, se han utilizado los datos de una encuesta representativa de la población andaluza de 15 y más años, realizada en el marco del Proyecto de Excelencia” Impacto de la des-información en Andalucía: análisis transversal de las audiencias y las rutinas y agendas periodísticas (DesinfoAND)”, del Plan Andaluz de Investigación, Desarrollo e Innovación (PAIDI 2020, ProyExcel_00143). El sondeo se realizó en diciembre de 2023 y fue llevado a cabo por una empresa demoscópica contratada para tal efecto. El tamaño de la muestra fue de 1.550 personas divididas en 1.250 encuestas en línea provenientes de un panel de más de 9.000 personas, y 300 encuestas realizadas telefónica-mente a población de 60 y más años1. Con este método mixto se aseguró que la población de más edad estuviera sucientemente representada en el conjunto de la muestra, ya que los sondeos en línea suelen tener un sesgo hacia una menor presencia de este grupo de población. La muestra fue estraticada por tamaño de hábitat teniendo en cuenta los datos del Censo de Población (2021) y se establecieron cuotas de sexo y edad, mediante los datos de la Estadística del Padrón Continuo (2021). El error muestral para un nivel de conanza del 95,5% fue de ±2,55% para el conjunto de la muestra y en el supuesto de muestreo aleatorio simple2. La investigación se desarrolló conforme a la Declaración de Helsinki, obteniéndose el consentimiento informado de todos los participantes así como asegurando el anonimato de los datos. Fue aprobada por el Comité de Ética de la Universidad de Málaga (protocolo 160-2024-H).Las preguntas seleccionadas para crear las variables dependientes fueron cinco.En primer lugar, el ítem que recoge la sospecha de haber recibido información falsa es el siguiente:Pensando en los últimos 7 días, ¿ha recibido usted alguna información o noticia por cualquier canal (a través de los medios de comunicación, las redes sociales, la mensajería instantánea, las plataformas de vídeo, etc.) que le haga sospechar que pueda ser falsa? Sí / No / No lo sé, no estoy seguro/a. A efectos del análisis, para realizar las regresiones logísticas se han tomado en cuenta solamente las dos primeras respuestas, y se han considerado valores perdidos a quienes indican que no están seguros (496 casos).1 Las personas que forman parte del panel online han sido reclutadas por la empresa demoscópica a través de internet, con incentivos económicos por su participación. La encuesta telefónica a población de 60 y más años se ha realizado obteniendo de manera aleatoria la selección de los números de teléfono.2 Lo habitual en los estudios demoscópicos es calcular el margen de error en caso de muestreo aleatorio simple. Si bien la introducción de cuotas de sexo y edad implica que el muestreo no cumpla el requisito de la aleatoriedad, lo que aumenta el margen de error, la estraticación disminuye la varianza y, por tanto, el error. La muestra nal se ajusta a la muestra diseñada en términos de edad, sexo y tamaño de hábitat.
354 | nº 43, pp. 347-371 | julio-diciembre de 2026Perles de consumo informativo ante la desinformación: exposición y reacciones ante una información sospechosaISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978doxa.comunicaciónEn segundo lugar, las reacciones que la persona encuestada tiene cuando recibe este tipo de información se incluyen en una pregunta de respuesta múltiple:Si tuviera dudas sobre si es verdadera o falsa una información que proviene de las redes sociales (Facebook, Twitter/X, Instagram, TikTok, etc.) o de aplicaciones de mensajería (WhatsApp, Telegram, etc.), ¿cómo reaccionaría? Seleccione todas las opciones que correspondan. Me informaría sobre cuál es el origen del mensaje. Contrastaría la información en los medios de comunicación tradicionales (prensa, radio, televisión). Consultaría en medios especializados en vericación de noticias falsas. Consultaría a personas de mi entorno que están informadas de la actualidad. No haría nada. Dejaría de seguir a la persona o medio digital que la hubiese difundido. Denunciaría que es una información falsa. No procede. No uso nunca internet, o no uso ninguna red social ni mensajería instantánea. No sabe.De todas las respuestas posibles, por motivos de espacio se escogieron para analizar en este trabajo la segunda (contrastar en medios de comunicación), la tercera (consultar en medios de vericación) y la quinta (no haría nada). Se trata de respuestas dicotómicas (Sí/ No), en función de si fue escogida o no por la persona entrevistada.Por lo que se reere a las variables independientes, para crear los perles de consumo informativo se utilizó la pregunta: ¿Con qué frecuencia usa los siguientes canales para informarse? Televisión/ Periódicos de papel/ Periódicos digitales/ Radio/ Redes so-ciales y plataformas de vídeo. Para cada canal, la persona encuestada podía responder en una escala de Likert de 1 a 5, que posteriormente se recodicó para que los valores más elevados correspondieran a la mayor frecuencia de uso: Todos los días (5), Una o más veces por semana (4), Alguna vez al mes (3), Casi nunca (2), Nunca (1), No sabe. El resto de las variables independientes se dividen en dos grupos: las de carácter sociodemográco y político y las de carácter informativo.a) Variables de carácter sociodemográco y político:Se incluyen aquí el sexo (categorías hombre/mujer); la edad (divida en 15 a 24 años/ 25 a 44 años/ 45 a 59 años/ 60 y más años); el nivel educativo (agrupado en tres categorías: hasta estudios secundarios obligatorios/ secundarios no obligatorios/ universi-tarios); clase social subjetiva (se han recodicado en tres las cinco respuestas originales: alta (suma de alta y media-alta)/ media/ baja (suma de media-baja y baja); ideología política (se recodicó la escala original de 0 a 10 en cinco grupos: extrema izquierda (valores 0-2), izquierda (3-4), centro (5), derecha (6-7) y extrema derecha (8-10) ); y el interés que declara la persona entrevistada por la política (se recodicó la variable original con cuatro respuestas en dos grupos, quienes muestran interés –responden mu-cho o bastante– y quienes no –indican poco o nada–).
doxa.comunicación | nº 43, pp. 347-371 julio-diciembre de 2026Pablo Pastora Estebanez y Livia García-FaroldiISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978| 355 b) Variables de carácter informativo:Se incluyen en este grupo preguntas relacionadas con la conanza en diferentes canales y el interés en las noticias. Las preguntas relacionadas con la conanza se derivan de la pregunta: ¿Hasta qué punto confía o no en las noticias y la información a la que accede o recibe a través de…? Mucha/ bastante/ poca /nada/ No la uso para acceder a noticias/ No sabe Televisión. Periódicos de papel. Periódicos digitales (por internet). Radio. Las redes sociales. Las aplicaciones de mensajería instantánea (WhatsApp, Telegram, Facebook Messenger, etc.). Amigos/as, familiares y compañeros/as de trabajo.Los medios de comunicación tradicionales, incluyendo los periódicos digitales, se han recodicado en una sola variable que recoge el promedio de conanza en todos ellos. En el caso de que una persona indicara que no utilizaba un cierto canal, dicho medio no entraba en el cálculo del promedio. Solamente 7 casos señalaron que no usaban ningún canal de los propuestos para informarse.Para simplicar el análisis, las categorías de las variables que recogen la conanza (en medios de comunicación, en redes, en aplicaciones de mensajería y en personas cercanas) se recodicaron en dos: muestra conanza (para quienes escogieron las opciones mucha o bastante) o no la muestra (para quienes escogieron poca o nada). Esta dicotomización y las posteriores res-ponden a criterios de parsimonia analítica y facilidad interpretativa, ya que las categorías intermedias de estas escalas presentan diferencias sustantivas limitadas entre sí, por lo que la dicotomización permite obtener estimaciones más estables en los mode-los de regresión logística.Por último, el interés informativo se recoge en la pregunta: ¿En qué medida diría que le interesan las noticias? Me interesan mucho. Me interesan bastante. Me interesan poco. No me interesan nada. No sabe.De manera similar a como se procediera con el interés en la política, se recodicó la variable original para dicotomizarla: quienes muestran interés –responden mucho o bastante– y quienes no –poco o nada–.
356 | nº 43, pp. 347-371 | julio-diciembre de 2026Perles de consumo informativo ante la desinformación: exposición y reacciones ante una información sospechosaISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978doxa.comunicaciónLa estrategia analítica seguida en este trabajo consta de tres partes: Análisis de conglomerados para establecer los perles de consumo informativo. Análisis descriptivo para estudiar cómo se distribuyen los perles en las diferentes categorías sociales estudiadas. Análisis de regresión logística con las variables dependientes de carácter dicotómico para estimar las probabilidades relacio-nadas con cada variable independiente de haber recibido información que se sospecha que es falsa y de reaccionar a través de la consulta en los medios de comunicación tradicionales, en medios especializados en vericación, o bien con la decisión de no hacer nada. 1. Análisis de conglomerados de perles de consumo informativo:Para comprender cómo se realizaron los perles de consumo informativo, se explica a continuación el proceso llevado a cabo. Se realizó un análisis de conglomerados a partir de la frecuencia de uso de distintos canales de información. Este procedimiento permitió clasicar a los individuos en grupos homogéneos internamente y heterogéneos entre sí, en función de sus pautas de consumo mediático. Dicho análisis se realizó a partir de cinco variables que recogen la frecuencia de uso de los principales cana-les informativos, explicadas anteriormente.Se llevó a cabo en tres fases complementarias, siguiendo los estándares metodológicos para técnicas exploratorias multivarian-tes. En la primera fase, se aplicó un análisis jerárquico aglomerativo mediante el método de Ward, se usó la distancia euclídea al cuadrado como medida de disimilitud, para la minimización de la varianza intragrupo (Ward, 1963). En segundo lugar, mediante la visualización del dendrograma, y con la prueba de Calinski-Harabasz (1974), se identicó la aglomeración de tres grupos como la más robusta, al maximizar la ratio entre la varianza intergrupal y la intragrupal (Milligan y Cooper, 1985). Finalmente, se eje-cutó un análisis de conglomerados no jerárquico (k-means), para optimizar la partición, a partir de los centroides obtenidos en la solución jerárquica previa (Punj y Stewart, 1983). Esta estrategia combinada mejoró la estabilidad de la clasicación y validó la solidez de los tres perles de consumo informativo identicados.Tras la obtención de la solución denitiva de tres conglomerados, se procedió a la validación estadística y caracterización de los perles mediante el análisis de la varianza (ANOVA de un factor). Los resultados de este análisis conrmaron la existencia de di-ferencias signicativamente estadísticas entre los tres conglomerados en todas las dimensiones de consumo analizadas (p<.001 en todos los casos).2. Análisis descriptivo:Una vez identicados los tres conglomerados, se procedió a su caracterización descriptiva. Para ello, se calcularon estadísticos descriptivos (media y desviación típica) de la frecuencia de uso de cada canal informativo dentro de cada grupo. A partir de estos resultados, los conglomerados fueron interpretados sustantivamente y etiquetados atendiendo a sus patrones dominantes de consumo informativo.Además, con el objetivo de validar externamente los conglomerados, se analizó su asociación con distintas variables sociode-mográcas y políticas. Se examinaron estas variables mediante tablas de contingencia y pruebas de chi-cuadrado. Este análisis permitió comprobar que los perles de consumo informativo se relacionan de forma diferente con características sociodemográ-cas, de conanza y políticas relevantes, y refuerzan la validez sustantiva de la tipología obtenida.
doxa.comunicación | nº 43, pp. 347-371 julio-diciembre de 2026Pablo Pastora Estebanez y Livia García-FaroldiISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978| 357 3. Regresiones logísticas:En la tercera fase, se realizaron análisis de regresión logística binaria con el objetivo de estimar la probabilidad de que los indivi-duos sospechen haber recibido información falsa y adopten distintas reacciones ante dicha sospecha, en función de su perl de consumo, y de las otras características sociodemográcas, políticas, informativas y de conanza mencionadas.Los resultados de los modelos se presentan mediante odds ratios, una medida habitual en este tipo de análisis por su mayor facilidad de interpretación sustantiva, ya que indica cuánto se incrementa o reduce la probabilidad de que ocurra el evento anali-zado cuando una variable independiente aumenta en una unidad o cuando se compara una categoría con respecto a la categoría de referencia, mientras se mantienen constantes el resto de variables independientes del modelo. En estos casos, los valores superiores a 1 indican un aumento de la probabilidad del evento, mientras que valores inferiores a 1 señalan una disminución de dicha probabilidad. Con el n de obtener estimaciones más robustas frente a posibles problemas de heterocedasticidad o desviaciones respecto a los supuestos clásicos del modelo, se emplearon errores estándar robustos.Finalmente, con el objetivo de facilitar la lectura de los resultados, se calcularon probabilidades ajustadas (margins) para los dis-tintos perles de consumo informativo. Estas estimaciones permiten visualizar de manera intuitiva las diferencias entre grupos, traduciendo los coecientes del modelo en probabilidades predichas.4. Resultados4.1. Análisis de los perles de consumo informativoLa Tabla 1 presenta las medias de frecuencia de uso (escala 1–5, donde 5=“todos los días” y 1=“nunca”) para cada canal informa-tivo según conglomerado. En primer lugar, encontramos el perl tradicional (n=601), caracterizado por un uso muy intensivo de los medios tradicionales, especialmente la televisión (M=4,49) y la radio (M=4,02), con una frecuencia diaria mayoritaria en ambos casos. Por el contrario, el uso de redes sociales es residual (M=1,56), concentrándose en las categorías “nunca” y “casi nunca”. El consumo de periódicos, tanto en papel como en formato digital, es moderado-bajo, situándose en valores intermedios de la escala.El segundo conglomerado representa un perl digital moderado (n=406) denido por un patrón de consumo informativo gene-ralmente bajo, con la excepción de las redes sociales, que constituyen su principal canal de acceso a la información (M=4,03). El uso de televisión (M=3,52) se sitúa en niveles intermedios, mientras que la radio (M=1,76) y los periódicos (especialmente en papel) presentan valores reducidos. Este perl combina, por tanto, una fuerte centralidad de las redes sociales con una baja intensidad informativa general, lo que lo diferencia tanto del perl tradicional como del omnicanal.Finalmente, el tercer conglomerado presenta el perl omnicanal intensivo (n=515) caracterizado por un consumo elevado y transversal de todos los canales informativos, principalmente destaca el uso intensivo de redes sociales (M=4,63) y televisión (M=4,60), seguido de radio (M=4,21) y periódicos digitales (M=3,77). Este perl muestra una alta frecuencia de consumo diario o semanal en prácticamente todos los medios analizados, congurándose como un patrón de exposición informativa múltiple y sostenida.
358 | nº 43, pp. 347-371 | julio-diciembre de 2026Perles de consumo informativo ante la desinformación: exposición y reacciones ante una información sospechosaISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978doxa.comunicaciónTabla 1. Frecuencias de consumo de medios por perles de consumoPerl de consumonTelevisión (Media)Prensa en papel (Media)Prensa digital (Media)Radio (Media)Redes sociales (Media)Tradicional6014,492,50 2,54 4,02 1,56 Digital moderado4063,521,45 2,22 1,76 4,03 Omnicanal intensivo5154,602,05 3,77 4,21 4,63 Total1.5224,272,06 2,87 3,48 3,26 Fuente: Elaboración propiaNota: Todas las diferencias entre perles son estadísticamente signicativas (ANOVA de un factor, p<.001)Como se observa en la Figura 1, los perles muestran diferentes características sociodemográcas, políticas y de conanza en ca-nales para informarse, y presentan diferencias estadísticamente signicativas en todas las variables analizadas. El perl tradicio-nal concentra en mayor medida a personas de edad avanzada y muestra una menor proporción de individuos jóvenes. Es el único perl con más hombres que mujeres y el de menor nivel educativo, y presentan una ideología y una clase social media. Se trata de un perl con menor conanza en redes sociales y plataformas digitales, pero con niveles relativamente elevados de conanza en medios tradicionales y en personas cercanas. Asimismo, presenta niveles intermedios de interés político e interés por las noticias.El segundo perl, denominado digital moderado, es el perl más joven, con una sobrerrepresentación de personas entre 15 y 24 años, y también el que más muestra niveles educativos secundarios y posiciones de clase social bajas. Destaca por una menor conanza en los medios tradicionales, las apps y las personas cercanas, y por niveles intermedios de conanza en redes y plata-formas. Asimismo, es el perl que concentra los niveles más bajos de interés político e interés por las noticias, lo que refuerza su carácter de consumo informativo esporádico y poco central en la vida cotidiana.Por último, el omnicanal intensivo se trata de un perl de edad intermedia, con mayor presencia de personas entre 25 y 44 años, y con una sobrerrepresentación de niveles educativos universitarios y de clase social media y alta. Es el perl que más confía, muestra altos niveles de conanza en todos los canales, incluidas las redes sociales, las plataformas digitales y las personas cer-canas, y el más interesado tanto en política como en las noticias.Estos resultados descriptivos ponen de maniesto la existencia de desigualdades estructurales en el acceso, la intensidad y la orientación del consumo informativo, que no solo remiten a diferencias generacionales, sino también a niveles de interés, con-anza y capital educativo.
doxa.comunicación | nº 43, pp. 347-371 julio-diciembre de 2026Pablo Pastora Estebanez y Livia García-FaroldiISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978| 359 Figura 1. Frecuencia de las variables independientes en los perles de consumo informativoa)a) b) Fuente: Elaboración propia en Python. 4.2. Análisis de la sospecha de recibir información falsa y reacciones ante ella: La Tabla 2 presenta los resultados del modelo de regresión logística estimado para analizar los factores asociados a la sospecha de haber recibido información falsa, medida de forma dicotómica. El modelo es estadísticamente significativo (Wald χ²=80,84; p<0,001) y explica una proporción moderada de la varianza (Pseudo R²=0,104). Tabla 2. Regresión logística sobre la sospecha de desinformación (Odds Ratios, errores estándar robustos) Variable dependiente: Sospecha de haber recibido información falsa (1=sí) b)a) b) Fuente: Elaboración propia en Python. 4.2. Análisis de la sospecha de recibir información falsa y reacciones ante ella: La Tabla 2 presenta los resultados del modelo de regresión logística estimado para analizar los factores asociados a la sospecha de haber recibido información falsa, medida de forma dicotómica. El modelo es estadísticamente significativo (Wald χ²=80,84; p<0,001) y explica una proporción moderada de la varianza (Pseudo R²=0,104). Tabla 2. Regresión logística sobre la sospecha de desinformación (Odds Ratios, errores estándar robustos) Variable dependiente: Sospecha de haber recibido información falsa (1=sí) Fuente: Elaboración propia en Python
360 | nº 43, pp. 347-371 | julio-diciembre de 2026Perles de consumo informativo ante la desinformación: exposición y reacciones ante una información sospechosaISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978doxa.comunicación4.2. Análisis de la sospecha de recibir información falsa y reacciones ante ellaLa Tabla 2 presenta los resultados del modelo de regresión logística estimado para analizar los factores asociados a la sospecha de haber recibido información falsa, medida de forma dicotómica. El modelo es estadísticamente signicativo (Wald χ²=80,84; p<0,001) y explica una proporción moderada de la varianza (Pseudo R²=0,104).Tabla 2. Regresión logística sobre la sospecha de desinformación(Odds Ratios, errores estándar robustos)Variable dependiente: Sospecha de haber recibido información falsa (1=sí)Categorías de referencia: Perl tradicional · Edad 15–24 · Hombre · Estudios obligatorios o menos · No confía · Centro ideológico · Clase social baja · No interés político · No interés informativoVariableOdds RatiopPerl de consumo (Tradicional)Digital1,85 **0,043Omnicanal1,82 **0,028Conanza en medios tradicionales (No confía)Confía0,54 ***0,001Conanza en redes sociales (No confía)Confía0,820,426Conanza en apps/plataformas (No confía)Confía1,56 *0,070Conanza en personas cercanas (No confía)Confía0,64 **0,026Interés por las noticias (No)Sí1,610,197Edad (15–24)25–440,970,92445–591,070,822
doxa.comunicación | nº 43, pp. 347-371 julio-diciembre de 2026Pablo Pastora Estebanez y Livia García-FaroldiISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978| 361 60+1,720,144Sexo (Hombre)Mujer1,000,986Nivel educativo (Obligatorios o menos)Sec. no obligatorios0,790,433Universitarios1,010,973Ideología política (Centro)Extrema izquierda0,54 **0,043Izquierda0,890,660Derecha0,720,232Extrema derecha0,750,363Clase social (Baja)Media0,860,451Alta0,41 **0,008Interés por la política (No)3,45 ***0,000n=621Pseudo R²=0,104Wald χ²=80,84 ***Fuente: Elaboración propiaNotas: * p<0,10 · ** p<0,05 · *** p<0,01En primer lugar, los perles de consumo informativo constituyen uno de los principales factores explicativos. En comparación con el perl tradicional, tanto el perl digital como el perl omnicanal presentan una mayor probabilidad de sospechar haber recibido información falsa, con odds ratios signicativamente superiores a la unidad. Este resultado resulta coherente debido a que, respecto al consumidor de información tradicional, estos perles utilizan más medios digitales y redes sociales, y están más expuestos a la desinformación que circula en estas plataformas. Por el contrario, las variables sociodemográcas clásicas (edad,
362 | nº 43, pp. 347-371 | julio-diciembre de 2026Perles de consumo informativo ante la desinformación: exposición y reacciones ante una información sospechosaISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978doxa.comunicaciónsexo y nivel educativo) no muestran asociaciones estadísticamente signicativas con la sospecha de desinformación una vez controlado el resto de los factores. En relación con la ideología política, únicamente la categoría de extrema izquierda presenta una asociación signicativa, al presentar una menor probabilidad de sospechar en comparación con las posiciones centristas. La posición socioeconómica muestra también diferencias relevantes. En concreto, pertenecer a la clase social alta se asocia con una menor probabilidad de sospecha en comparación con la clase baja. Las variables de conanza en las fuentes informativas ponen de maniesto efectos diferenciados según el canal. La conanza en los medios tradicionales se asocia con una menor probabilidad de sospechar, al igual que la conanza en las personas cercanas. En cambio, la conanza en redes sociales no presenta una relación signicativa con la sospecha, mientras que la conanza en aplicaciones de mensajería muestra un efecto positivo de signicación moderada. Finalmente, el interés por la política es uno de los predictores más robustos del modelo. Las personas interesadas presentan una probabilidad signicativamente mayor de sospechar haber recibido información falsa. Este efecto no se reproduce para el interés general por las noticias.En conjunto, los resultados indican que la sospecha de desinformación está más estrechamente vinculada a los patrones de consumo informativo, a la conanza en determinadas fuentes y al grado de implicación política, que a las características socio-demográcas tradicionales.La Tabla 3 recoge los resultados de tres modelos de regresión logística que analizan los factores asociados a las distintas reacciones ante la sospecha de desinformación: contrastar en medios de comunicación, consultar fuentes de vericación y no hacer nada. Todos los modelos incluyen el mismo conjunto de variables independientes y comparten las mismas categorías de referencia. Por motivos de claridad expositiva, se han omitido en la tabla las variables independientes que no han sido signicativas al analizar ninguna de las tres variables dependientes.Tabla 3. Factores asociados a diferentes reacciones ante la sospecha de desinformación(Odds Ratios, errores estándar robustos)Categorías de referencia: Perl tradicional · Edad 15–24 · Hombre · Estudios obligatorios o menos · No confía · Centro ideológico · Clase social baja · No interés político · No interés informativoVariableContrastar en medios comunicaciónConsultar medios vericaciónNo haría nadaPerl Digital——2,28 **Perl Omnicanal———Conanza en medios (Confía)2,97 ***——Conanza en apps (Confía)0,48 ***——Interés noticias (Sí)2,46 **——Edad 45–59——3,49 **
doxa.comunicación | nº 43, pp. 347-371 julio-diciembre de 2026Pablo Pastora Estebanez y Livia García-FaroldiISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978| 363 Edad 60+0,59 *4,18 **Mujer0,76 *——Sec. no obligatorios3,64 **Universitarios0,63 *3,30 **Derecha0,55 **Extrema derecha0,31 ***3,69 ***Clase social alta1,88 **Interés político (Sí)0,59 ***1,46 **0,56 *n887887887Pseudo R20,0960,0600,117Wald χ2100,5763,5752,80Fuente: Elaboración propiaNotas: =no signicativo (p ≥ 0,10); * p<0,10; ** p<0,05; *** p<0,01. En los tres modelos p<0,001.En primer lugar, en el modelo que explica la probabilidad de contrastar en medios de comunicación, no se observan diferencias signicativas entre los perles de consumo informativo. Sin embargo, sí emergen efectos relevantes de carácter sociodemográ-co y de conanza. Las personas de 60 años o más presentan una menor probabilidad de consultar medios en comparación con el grupo de 15–24 años, al igual que las mujeres, cuyo comportamiento muestra una menor propensión a recurrir a los medios ante la sospecha. En contraste, la conanza en los medios tradicionales incrementa de forma signicativa la probabilidad de consultar estas fuentes. Por el contrario, la conanza en aplicaciones o plataformas digitales se asocia con una menor probabili-dad de consultar medios, lo que sugiere dinámicas de sustitución entre canales informativos. Asimismo, el interés por la política reduce la probabilidad de consultarlos, mientras que el interés por las noticias la incrementa de manera signicativa.En cuanto al modelo de consulta de medios especializados en vericación, se observa un patrón diferenciado. Los perles de consumo informativo no presentan asociaciones signicativas, pero sí lo hacen variables ideológicas, educativas y de clase social. En concreto, las personas que se sitúan en la derecha y en la extrema derecha, presentan una menor probabilidad de consultar en comparación con las posiciones centristas. En sentido opuesto, pertenecer a la clase social alta y mostrar interés por la política incrementa signicativamente la probabilidad. En cuanto al nivel educativo, las personas con estudios universitarios muestran una menor propensión a consultar fuentes de vericación.
364 | nº 43, pp. 347-371 | julio-diciembre de 2026Perles de consumo informativo ante la desinformación: exposición y reacciones ante una información sospechosaISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978doxa.comunicaciónEn el caso de no hacer nada, sí aparecen diferencias claras asociadas a los perles de consumo informativo. El perl digital moderado se caracteriza por una mayor probabilidad de no reaccionar, en comparación con el perl tradicional. La edad cons-tituye también un factor relevante: tanto el grupo de 45-59 años como, especialmente, el de 60 años o más muestran una mayor probabilidad de no realizar ninguna acción ante la sospecha. Asimismo, las personas con estudios secundarios no obligatorios y universitarios presentan una mayor propensión a la pasividad. Desde el punto de vista ideológico, la extrema derecha destaca por una mayor probabilidad de no hacer nada, mientras que el interés por la política se asocia con una menor pasividad, reduciendo signicativamente la probabilidad de esta reacción.En conjunto, los resultados ponen de maniesto que las reacciones ante la desinformación no responden a un patrón homo-géneo, sino que dependen del tipo de respuesta considerada. Mientras que la pasividad se asocia especialmente a la edad, al perl digital de bajo consumo y a determinados posicionamientos ideológicos, las respuestas activas de contrastar en medios de comunicación y vericar en agencias aparecen más vinculadas al interés por la política, a la posición ideológica y, en el caso de la vericación, a la clase social.El análisis de probabilidades ajustadas (Tabla 4) permite interpretar las regresiones logísticas en términos de probabilidades y facilita la comparación sustantiva entre perles de consumo informativo. En primer lugar, los resultados muestran diferen-cias claras en la probabilidad de sospechar haber recibido desinformación. Mientras que entre los individuos con un perl tradicional la probabilidad estimada se sitúa en torno al 48%, esta aumenta hasta aproximadamente el 61% entre los perles digitales moderados y el 60% entre los omnicanales intensivos. Estos resultados indican que, si se controlan todas las variables, los perles con mayor exposición a entornos digitales presentan una mayor propensión a sospechar que reciben contenidos potencialmente falsos.Tabla 4. Probabilidades ajustadas (margins) por perl de consumo informativoVariable dependienteTradicionalDigital moderadoOmnicanal intensivonPseudo Sospecha de desinformación48%61%60%6210,104Consultar medios tradicionales57%53%60%8870,096Consultar vericación especializada36%31%35%8870,060No haría nada6%12%7%8870,117Fuente: Elaboración propiaNota: Probabilidades estimadas a partir de regresiones logísticas. Se mantienen constantes el resto de variables del modelo. Categoría de referencia en los perles: Tradicional
doxa.comunicación | nº 43, pp. 347-371 julio-diciembre de 2026Pablo Pastora Estebanez y Livia García-FaroldiISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978| 365 En relación con las reacciones, encontramos que la probabilidad de consultar medios de comunicación tradicionales es ligera-mente mayor entre los perles omnicanales (60%), seguidos por los tradicionales (57%), mientras que es algo menor entre los di-gitales moderados (53%). En cuanto a la consulta de medios especializados en vericación, las probabilidades son más reducidas en general, aunque se mantienen diferencias entre perles. Los perles tradicionales y omnicanales presentan probabilidades similares (en torno al 35–36%), mientras que los digitales moderados muestran una menor propensión a vericar por esta vía (31%). Este patrón apunta a una menor institucionalización de la vericación entre quienes concentran su consumo informativo principalmente en redes sociales. Por último, la pasividad ante la desinformación (medida como la probabilidad de no hacer nada ante esta) es signicativamente más elevada entre los perles digitales moderados. En este grupo, la probabilidad estimada de no hacer nada alcanza el 12%, por lo que duplican la observada entre los perles tradicionales (6%) y superan también a la de los omnicanales (7%). 5. Conclusiones y discusiónLos resultados mostrados en el epígrafe anterior permiten contestar las preguntas de investigación planteadas en el trabajo, así como contrastar las hipótesis propuestas.En primer lugar, el análisis de conglomerados revela que los perles de consumo informativo se pueden dividir en tres: un perl con predominio de medios tradicionales, un perl caracterizado por un consumo moderado principalmente digital y de redes sociales, y un perl omnicanal con altos niveles de consumo en todos los medios. Este hallazgo corrobora la primera hipótesis, que suponía que los perles de consumo informativo se distinguen principalmente por el mayor o menor acceso de noticias a través de las redes sociales (H1). Si bien los perles segundo y tercero consumen información a través de internet, la intensidad con que lo hace el tercero le separa del segundo, unido a su combinación con consumo de medios de comunicación tradiciona-les. Además de la diversidad informativa, se han hallado diferencias en todas las variables analizadas, permitiendo caracterizar a cada uno de los perles, siendo el primero un perl de mayor edad, con estudios primarios, baja conanza en lo digital y alta en lo tradicional; el segundo un perl juvenil, de clase baja con estudios obligatorios y baja conanza e interés; y el tercero el que muestra una edad media, educación superior, clase media alta y la mayor conanza e interés. Coincidiendo con investigaciones previas, los resultados muestran que los perles digitales están más presentes entre la po-blación joven. Particularmente, seis de cada diez personas encuestadas entre 15 y 24 años pertenecen al conglomerado que se informa principalmente a través de redes sociales. Por tanto, el consumo de noticias incidental es mayoritario en este grupo de población, resultado observado también por Ceballos-del–Cid et al. (2025). No obstante, el análisis de conglomerados muestra también que un 37,5% de jóvenes pertenece al grupo más movilizado en términos informativos. Con respecto a la segunda pregunta, se ha observado que la probabilidad de sospechar haber encontrado información falsa es mayor entre quienes utilizan más frecuentemente internet para informarse, un resultado esperable dado que es en las redes sociales donde principalmente se difunde este contenido, por lo que corrobora la hipótesis H2a. Sin embargo, la hipótesis H2b queda solamente conrmada en parte, dado que los perles de consumo informativo solamente son signicativos a la hora de no hacer nada cuando se encuentra información sospechosa –doblándose las probabilidades de pasividad en el grupo de los digitales moderados con respecto a los tradicionales y los omnicanales intensivos, pero no para contrastar la información en
366 | nº 43, pp. 347-371 | julio-diciembre de 2026Perles de consumo informativo ante la desinformación: exposición y reacciones ante una información sospechosaISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978doxa.comunicaciónmedios de comunicación y consultar agencias de vericación. Esta pasividad podría explicarse por el bajo interés informativo y político que caracteriza a este perl digital moderado. Son precisamente el interés político y el interés en las noticias dos de los predictores más robustos de las reacciones activas, lo que sugiere que la inacción es ante todo una consecuencia del desengan-che informativo y no una estrategia deliberada de gestión del entorno digital.Por último, los análisis de regresión han mostrado que las variables de carácter sociodemográco son peores predictores de la sospecha de haber recibido información falsa y de las reacciones ante dicha sospecha que las de carácter informativo y político, lo que conrma la hipótesis H3. Este hallazgo sugiere que las diferencias sociodemográcas observadas en otras investigaciones pueden estar mediadas por variables más directamente relacionadas con el ecosistema informativo, como los patrones de con-sumo, la conanza en distintas fuentes y el interés por la política.Las variables sociodemográcas más relevantes, si bien ninguna lo es en las tres reacciones estudiadas, son la edad (mayor pasividad entre quienes tienen más de 45 años y menor contraste en medios entre los que superan los 60) y el nivel educativo. Los resultados revelan que las personas con estudios universitarios muestran una menor propensión a consultar fuentes de ve-ricación y una mayor probabilidad de no hacer nada. El primer hallazgo observado en quienes tienen estudios universitarios sugiere una mayor conanza en el propio criterio para evaluar la veracidad de la información, mientras que el segundo podría relacionarse con que este grupo sienta una menor presión social a la hora de escoger esta respuesta (solamente 133 personas de la muestra lo hacen), probablemente mal vista socialmente. El sexo, por su parte, únicamente es relevante en el caso de contras-tar la información en medios, un comportamiento menos frecuente en mujeres que en hombres. Otras investigaciones coinciden en que las diferencias según el sexo en la percepción y reacción ante la desinformación son sutiles y no lineales (Montiel et al., 2025; Turel, 2024). El factor que más inuye en el tipo de reacción que se tiene ante la sospecha de una información falsa es el interés político, varia-ble signicativa en los tres casos: quienes declaran interés en la política verican más la información en medios especializados y es menos probable que no hagan nada o que contrasten la información en medios tradicionales. Por el contrario, el interés en las noticias lleva a una mayor consulta de los medios de comunicación para contrastar. El relevante papel de los medios para vericar las noticias se pone de maniesto en que es la respuesta más mencionada por la población encuestada (52,5%) como reacción ante la sospecha de una información falsa, un resultado que coincide con los obtenidos en el informe DNR (2025).Estos hallazgos sugieren que la gestión de la desinformación en el espacio público digital recae en mayor medida en los sectores más politizados y socialmente movilizados, mientras una parte signicativa de la ciudadanía opta por la inacción ante la sospe-cha. Estos resultados concuerdan con los obtenidos por el DNR (2025), que indican que la participación en el debate público se relaciona con el interés en la actualidad y con quienes se informan a través de redes sociales. Sería interesante en futuros estudios indagar con mayor profundidad en los factores aquí estudiados y en las dinámicas que caracterizan en la actualidad la discusión pública, mediante técnicas de carácter cualitativo combinadas con investigaciones basadas en la extracción de grandes cantida-des de datos provenientes de las redes sociales.El aumento del consumo informativo a través de noticias incidentales reejada en el perl digital moderado, que representa la cuarta parte de la población encuestada cuestiona el papel tradicional del periodismo como actor que determina si una infor-mación es importante o no (Boczkowski et al., 2017). Esta erosión del periodismo no solamente se relaciona con la expansión
doxa.comunicación | nº 43, pp. 347-371 julio-diciembre de 2026Pablo Pastora Estebanez y Livia García-FaroldiISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978| 367 del uso de las redes sociales, sino con la pérdida de conanza en los medios de comunicación tradicionales, siendo incluso señalados como generadores de desinformación (Montiel Torres et al., 2025). Esta percepción provoca que se consuman menos noticias a través de los medios tradicionales, pero también lleva a disminuir su consumo a través de las redes sociales e incluso a través de la Inteligencia Articial (Rasul et al., 2025). Se produce, así, un fenómeno de evasión informativa por el cual más de un tercio de la población española limita voluntariamente su exposición a las noticias (DNR, 2025).En el caso concreto de las noticias políticas, cada vez es más frecuente que se conozca la actualidad de este ámbito no a través de fuentes periodísticas sino en webs no especializadas, como pone de relieve el estudio internacional desarrollado por Wojcieszak et al. (2024), quienes concluyen que de cada diez visitas que se realizan a contenido político, solamente un tercio proceden de páginas de noticias. El consumo de noticias es un componente esencial en la formación de la ciudadanía, pero no se ha prestado suciente atención al hecho de que las redes sociales pueden potencialmente jugar un papel relevante en la socialización política de los jóvenes, lo que tiene consecuencias en la esfera pública (Bode, 2016). Una de ellas es la polarización del debate político, especialmente acusada en época electoral (Teruel et al., 2026) y acentuada por las dinámicas algorítmicas, que priorizan los contenidos emocionales que se comparten rápidamente y que llevan a crear cámaras de eco en que las personas que piensan diferente cada vez tienen menos probabilidades de interactuar entre ellas o de consumir noticias de posiciones diversas. Por último, no se puede obviar que la irrupción de la Inteligencia Articial Generativa (IAG) en los últimos años ha supuesto otro factor de ruptura en la forma en que se produce y se consume información y hace cada vez más complejo distinguir lo verdadero de lo falso (Sedano et al., 2025). Las nuevas herramientas de IAG han llevado a la Unión Europea a regular su uso en esta y en otras esferas sociales (Fernández-Torres y Cea, 2025). Según una encuesta reciente (Pastora-Estebanez y García-Faroldi, 2025) uno de cada cinco andaluces la utiliza para buscar información y noticias. La valoración de la información suministrada es, además, muy positiva: cuatro de cada diez la consideran muy able. Sin embargo, más de la mitad valora negativamente que los profesionales de la información la utilicen para redactar noticias (ibídem). La alfabetización mediática es cada vez más necesaria para luchar contra la desinformación y la propia IAG se descubre como una herramienta poderosa para lograr este n (Zafra et al. 2025).Estos resultados permiten derivar algunas implicaciones prácticas concretas. En primer lugar, las intervenciones de alfabeti-zación mediática mencionadas deberían dirigirse de manera prioritaria al perl digital moderado, caracterizado por un bajo interés informativo y político y una mayor tendencia a la pasividad ante la desinformación. Dado que el interés político emerge como el predictor más robusto de las reacciones activas, estas intervenciones ganarían en ecacia si se articulan en conexión con la educación cívica, y fomentarían no solo las competencias mediáticas sino también la implicación en la esfera pública. En segundo lugar, los resultados apuntan a la conveniencia de promover una dieta informativa diversicada, dado que los perles omnicanales muestran una mayor propensión a vericar la información. Por último, la escasa consulta de agencias de veri-cación incluso entre quienes reaccionan activamente ante la sospecha de desinformación sugiere la necesidad de aumentar la visibilidad y accesibilidad de los medios especializados en fact-checking entre la ciudadanía.
368 | nº 43, pp. 347-371 | julio-diciembre de 2026Perles de consumo informativo ante la desinformación: exposición y reacciones ante una información sospechosaISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978doxa.comunicación6. Agradecimientos y nanciaciónEl presente trabajo ha sido nanciado por el Proyecto de Excelencia “Impacto de la desinformación en Andalucía: análisis trans-versal de las audiencias y las rutinas y agendas periodísticas (DesinfoAND)”, del Plan Andaluz de Investigación, Desarrollo e Innovación (Junta de Andalucía, PAIDI 2020, ProyExcel_00143); y por el proyecto de investigación nacional PID 2023-147486OB-I00 (Agencia Estatal de Investigación, Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, “Aplicaciones periodísticas de la IA para reducir la desinformación: tendencias, usos y percepciones de profesionales y audiencias” (DESINFOPERIA)).Este artículo ha sido traducido al inglés por Brian O’Halloran, a quien agradecemos su trabajo. 7. Contribuciones especícas de cada autorNombre y apellidosConcepción y diseño del trabajoPablo Pastora Estebanez y Livia García-FaroldiMetodologíaPablo Pastora Estebanez y Livia García-FaroldiRecogida y análisis de datosPablo Pastora EstebanezDiscusión y conclusionesPablo Pastora Estebanez y Livia García-FaroldiRedacción, formato, revisión y aprobación de versionesPablo Pastora Estebanez y Livia García-Faroldi8. Conicto de interesesLos autores declaran que no existe ningún conicto de interés en relación con la publicación de este artículo.9. Referencias bibliográcasAnderson, K. J. (2025). What is News? Exploring Dierences in How Younger and Older Cohorts Use News in Today’s Media Environment. Communication Research and Practice, 11(1), 3-23. https://doi.org/10.1080/22041451.2024.2344997Boczkowski, P. J., Matassi, M. & Mitchelstein, E. (2017). Incidental News: How Young People Consume News on Social Media. Proceedings of the 50th Hawaii International Conference on System Sciences, 1785-1792. https://doi.org/10.24251/HICSS.2017.217Bode, L. (2016). Political news in the news feed: Learning politics from social media. Mass Communication & Society, 19(1), 24-48. https://doi.org/10.1080/15205436.2015.1045149Calinski, T. & Harabasz, J. (1974). A dendrite method for cluster analysis. Communications in Statistics-theory and Methods, 3(1), 1-27. https://doi.org/10.1080/03610927408827101

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doxa.comunicación | nº 43, pp. 347-371 julio-diciembre de 2026Pablo Pastora Estebanez y Livia García-FaroldiISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978| 369 Catalina-García, B., García-Jiménez, A. & Paniagua-Santamaría, P. (2021). Percepción del consumo de noticias en línea y de las prácticas relacionadas a ellas por parte de los jóvenes de la Comunidad de Madrid (España). Cuadernos.info, (50), 22-44. https://doi.org/10.7764/cdi.50.27513Ceballos-del-Cid, Y., Gómez-Calderón, B. & Córdoba-Cabús, A. (2025). Redes sociales y hábitos de consumo informativo de los jóvenes españoles: un análisis diacrónico (2021-2023) [Social Media and News Consumption among Young Spaniards: A Diachronic Analysis (2021-2023)]. Revista Mediterránea de Comunicación/Mediterranean Journal of Communication, 16(1), e28010. https://www.doi.org/10.14198/MEDCOM.28010 Comisión Europea (2018). La lucha contra la desinformación en línea: un enfoque europeo. Comisión Europea, Bruselas. https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=CELEX:52018DC0236Dubois, E. & Blank, G. (2018). e echo chamber is overstated: the moderating eect of political interest and diverse media. Information, Communication & Society, 21(5), 729–745. https://doi.org/10.1080/1369118X.2018.1428656Feridouni Solimani, A. & Ahmed-Mohamed, K. (2024). Ciudadanía Digital: Niveles, Consumo y Conanza en la Información de los Jóvenes Españoles. Media & Jornalismo, 45(9), 1-21. https://doi.org/10.14195/2183-5462_45_9Fernández-Torres, M.J. & Cea, N. (2025): “Europa ante el desafío de la desinformación en tiempos de inteligencia articial”. En: L. Teruel & L. García Faroldi (Eds). Los medios de comunicación ante la desinformación: inteligencia articial, discursos de odio, teorías de la conspiración y vericación”. Tirant lo Blanch, pp. 363-380. https://riuma.uma.es/xmlui/handle/10630/39110Fletcher, R. & Park, S. (2017). e impact of trust in the news media on online news consumption and participation. Digital Journalism, 5(10), 1281–1299. https://doi.org/10.1080/21670811.2017.1279979García-Faroldi, L., Teruel, L. & Blanco, S. (2025). Unmasking AI’s Role in the Age of Disinformation: Friend or Foe? Journalism and Media, 6(1), 19. https://doi.org/10.3390/journalmedia6010019Haller, A. & Holt, K. (2019). Paradoxical populism: How PEGIDA relates to mainstream and alternative media. Information, Communication & Society, 22(12), 1665–1680. https://doi.org/10.1080/1369118X.2018.1449882Hameleers, M., Brosius, A. & de Vreese, C. H. (2022a). Whom to trust? Media exposure patterns of citizens with perceptions of misinformation and disinformation related to the news media. European Journal of Communication, 37(3), 237–268. https://doi.org/10.1177/02673231211072667Hudders, L., De Jans, S. & De Veirman, M. (2020). e commercialization of social media stars: A literature review and conceptual framework on the strategic use of social media inuencers. International Journal of Advertising, 40(3), 327–375. https://doi.org/10.1080/02650487.2020.1836925Katz, E. (1957). e two‐step ow of communication: An up‐to‐date report on an hypothesis. Public Opinion Quarterly, 21(1), 61–78. https://doi.org/10.1086/266687Katz, E., Haas, H. & Gurevitch, M. (1973). On the use of the mass media for important things. American Sociological Review, 38(2), 164–181. https://doi.org/10.2307/2094393

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370 | nº 43, pp. 347-371 | julio-diciembre de 2026Perles de consumo informativo ante la desinformación: exposición y reacciones ante una información sospechosaISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978doxa.comunicaciónKatz, E., Blumler, J. G. & Gurevitch, M. (1974). Utilization of mass communication by the individual. En J. G. Blumler & E. Katz (Eds.), e uses of mass communications: Current perspectives on gratications research (pp. 19–31). Beverly Hills: Sage. https://archive.org/details/usesofmasscommun0000unse/page/8/mode/2upLazarsfeld, P. F., Berelson, B. & Gaudet, H. (1944). e people’s choice: How the voter makes up his mind in a presidential campaign. Duell, Sloan and Pearce. https://archive.org/details/peopleschoicehow0000lazaLowenstein-Barkai, H. & Lev-on, A. (2022) News videos consumption in an age of new media: a comparison between adolescents and adults, Journal of Children and Media, 16:1, 78-94. https://doi.org/10.1080/17482798.2021.1915831McQuail, D., Blumler, J. G. & Brown, R. (1972). e television audience: A revised perspective. In D. McQuail (Ed.), Sociology of mass communication. Middlesex: Penguin. https://cir.nii.ac.jp/crid/1570854176052168448 Milligan, G. W. & Cooper, M. C. (1985). An examination of procedures for determining the number of clusters in a data set. Psychometrika, 50(2), 159-179. https://doi.org/10.1007/BF02294245Montiel Torres, M. F.; Teruel Rodríguez, L.; García-Faroldi, L. & Martín-Martín, F. M. (2025). Colectivos vulnerables y desinformación. Análisis de la realidad andaluza. Doxa Comunicación, 41, pp. 369-393. https://doi.org/10.31921/doxacom.n41a2902Pariser, E. (2011). e lter bubble: How the new personalized web is changing what we read and how we think. London: Penguin. Park, S., Fisher, C., Flew, T. & Dulleck, U. (2020). Global mistrust in news: e impact of social media on trust. e International Journal on Media Management, 22(2), 83–96. https://doi.org/10.1080/14241277.2020.1799794Pastora Estebanez, P. & García-Faroldi, L. (2025). ¿Nueva herramienta informativa o generadora de bulos? Percepción ciudadana de la Inteligencia Articial Generativa en la era de la desinformación. Cuadernos del Audiovisual | CAA, (14). https://doi.org/10.62269/cavcaa.59Peter, C. & Muth, L. (2023). Social Media Inuencers’ Role in Shaping Political Opinions and Actions of Young Audiences. Media and Communication, 11 (3), Pages 164–174. https://doi.org/10.17645/mac.v11i3.6750Punj, G. & Stewart, D. W. (1983). Cluster analysis in marketing research: Review and suggestions for application. Journal of Marketing Research, 20(2), 134-148. https://doi.org/10.1177/002224378302000204Rasul, M. E., Calabrese, C., Oh, Y. J., Cho, H. J., Jeon, M. & Boukes, M. (2025). “It’s All Fake News!”: How Perceptions of Misinformation and Disinformation Inuence News Consumption Across Traditional Media, Social Media, and AI. Journalism & Mass Communication Quarterly, 102(4), 993-1019. https://doi.org/10.1177/10776990251373085Sedano, J., Blanco, S. & Palomo, B. (2025): “Imagen y desinformación en la era de la inteligencia articial”. En: L. Teruel & L. García Faroldi (Eds). Los medios de comunicación ante la desinformación: inteligencia articial, discursos de odio, teorías de la conspiración y vericación, Tirant lo Blanch, pp. 337-361. https://riuma.uma.es/xmlui/handle/10630/39110Shao, C., Ciampaglia, G. L., Varol, O., Flammini, A. & Menczer, F. (2017). e spread of low-credibility by social bots. arXiv preprint arXiv:1707.07592, 96, 104. ArXiv e-prints. https://doi.org/10.48550/arXiv.1707.07592

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doxa.comunicación | nº 43, pp. 347-371 julio-diciembre de 2026Pablo Pastora Estebanez y Livia García-FaroldiISSN: 1696-019X / e-ISSN: 2386-3978| 371 Shu, K., Sliva, A., Wang, S., Tang, J. & Liu, H. (2017). Fake news detection on social media: A data mining perspective. ACM SIGKDD Explorations Newsletter, 19(1), 22–36. https://doi.org/10.48550/arXiv.1708.01967 Shu, K., Bhattacharjee, A., Alatawi, F., H. Nazer, T.H., Ding, K., Karami, M. & Liu, H. (2020). Combating disinformation in a social media age. WIREs Data Mining Knowl Discov., 10:e1385. https://doi.org/10.1002/widm.1385Stehr, P., Rössler, P., Leißner, L. & Schönhardt, F. (2015). Parasocial opinion leadership media personalities’ inuence within parasocial relations: eoretical conceptualization and preliminary results. International Journal of Communication, 9, 982–1001. https://ijoc.org/index.php/ijoc/article/view/2717 Terren, L. & Borge, R. (2021). Echo Chambers on Social Media: A Systematic Review of the Literature. Review of Communication Research, 9, 1–39. https://doi.org/10.12840/ISSN.2255-4165.028Teruel, L., Blanco, S., Cea Esteruelas, N. & Congosto, M. (2026). Polarización en Twitter/X: análisis del debate generado por los medios de comunicación durante las elecciones locales y autonómicas del 28-M-2023 en España. REDES, Revisa Hispana para el Análisis de Redes Sociales, 37 (2). https://doi.org/10.5565/rev/redes.1133Tucker, J. A., Guess, A., Barberá, P., Vaccari, C., Siegel, A., Sanovich, S., Stukal, D. & Nyhan, B. (2018). Social Media, Political Polarization, and Political Disinformation: A Review of the Scientic Literature. https://doi.org/10.2139/ssrn.3144139Turel, O. (2024). Polarized sharing of fake news on social media: the complex roles of partisan identication and gender. Behaviour & Information Technology, 43(11), 2424–2441. https://doi.org/10.1080/0144929X.2023.2248282Vosoughi, S., Roy, D. & Aral, S. (2018). e spread of true and false news online. Science, 359(6380), 1146–1151. https://doi.org/10.1126/science.aap9559Ward, J. H., Jr. (1963). Hierarchical grouping to optimize an objective function. Journal of the American Statistical Association, 58(301), 236-244. https://doi.org/10.1080/01621459.1963.10500845Wojcieszak, M., Menchen-Trevino, E., Clemm von Hohenberg, B., de Leeuw, S., Gonçalves, J., Davidson, S. & Gonçalves, A. (2024). Non-News Websites Expose People to More Political Content an News Websites: Evidence from Browsing Data in ree Countries. Political Communication, 41(1), 129–151. https://doi.org/10.1080/10584609.2023.2238641Zafra Arroyo, A., Sánchez González, M. & Sánchez Gonzales, H. M. (2025). Innovaciones con IA generativa para alfabetización y vericación en la Unión Europea. Doxa Comunicación. Revista Interdisciplinar De Estudios De Comunicación Y Ciencias Sociales, 41, 489-509. https://doi.org/10.31921/doxacom.n41a2874

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